· Nota pSUM ·


· Nota pSUM, desde el Barrio La Herradura, MdP ·

“ANTES QUE SEA TARDE”
CORTOMETRAJE DEL BARRIO LA HERRADURA.

Relato de una experiencia de intervención social. La construcción de un dispositivo sociocultural, en el fomento de producciones
colectivas creativas con jóvenes de este barrio. Por Camila Azzerboni y Adolfo Carrizo.
Donde terminan las principales calles de la ciudad de Mar del Plata encontramos el Barrio la Herradura. Con sus caminos de tierra y altos pastos, plaza olvidada con apenas algunos juegos rotos y despintados; caballos sueltos en las calles y atados en las casas, carros; fuertes vientos que recuerdan su proximidad a la zona rural, con inviernos crudos y agobiantes veranos. Pero también, nos encontramos con niños que aún pueden jugar en las calles, solidaridad vecinal, la tranquilidad del campo y su verde. Vecinos con motivación a trabajar juntos por su barrio.
Este pequeño barrio, en constante crecimiento, se encuentra conformado por aproximadamente 500 familias de escasos recursos, que han encontrado en estas tierras, sobre ruta 226, un espacio donde poder desarrollarse.
Observamos la ausencia, prácticamente total, del Municipio; servicios públicos escasos e insuficientes y deteriorados. La presencia estatal se hace presente en la omisión de sus acciones.
Por su construcción social - cultural y geográfica se presenta dificultosa la posibilidad de la comunidad de acceder a espacios donde puedan recrearse, expresarse y compartir espacios de sociabilidad. Frente a la preocupación por la falta de espacios para los adolescentes, se desarrolla el programa NIDOS destinado a la prevención de embarazo adolescente. Se considera oportuno y necesario poder trabajar en la generación de espacios de encuentro y desarrollo.
Durante un año y medio trabajamos con jóvenes de dicho barrio, entre los 11 a 18 años de edad, a través de distintos talleres y actividades con el propósito de fortalecer la comunicación y el lenguaje. Para ello mediamos en la conformación de espacios físicos y simbólicos, generadores de encuentro y expresión.
El decodificar el lenguaje propio de un grupo, tanto desde un actor externo como del propio grupo, permitió la construcción de nuevos significados compartidos entre los participantes, que lentamente fue generando un proceso de identidad individual y grupal, que ha fortalecido el lazo social.
Inicialmente, el proyecto estaba destinado a jóvenes embarazadas o con hijos y tenía como propósito la construcción y/o fortalecimiento del vínculo madre-hijo, como así también, la prevención de embarazo adolescente.
El bajo nivel de convocatoria, motivó un replanteo sobre la propuesta y generó nuevos interrogantes:
¿Qué motiva a los jóvenes a concurrir al espacio? Así empezamos a visualizar que buscaban un espacio de encuentro, de desarrollo de actividades. Los jóvenes comenzaron a concurrir en pequeños grupos, de manera irregular. Poco a poco se fue conformando uno de aproximadamente 15 chicos, que concurrían diariamente al espacio. Los jóvenes comienzan a hacerse presentes con mayor entusiasmo los días que no había un taller especifico y ellos podían construir la actividad. Nos preguntamos ¿Qué tipo de espacio necesitan conformar estos jóvenes? La posibilidad de expresión, mateadas informales donde plantear sus deseos, sus miedos, sus dudas, sus alegrías, son las principales necesidades detectadas. Los intereses de estos jóvenes, se convirtieron en futuros talleres donde se conversaron temas tales como adicciones, embarazo adolescente, violencia, entre otros.
En la intervención social, la utilización de dispositivos socioculturales es de gran importancia ya que nos permite pensar en una comunicación basada en producciones colectivas de sentido, pero apelando a la creatividad. Así nacieron los talleres de teatro, donde una de las obras presentadas apuntó a la prevención del embarazo adolescente.
Una forma adoptada en el taller de actuación es la del role-playing, que les ha permitido ponerse en el lugar de sus compañeros o coordinadores. Gracias a esto pudimos comenzar a ver cómo fueron adquiriendo la posibilidad de valoración de un par, la autocrítica, el poder reírse de uno mismo y tolerar las diferencias o las críticas.
En este momento se invita al grupo a participar del “2° Concurso de Derechos Humanos, para la concientización de la violencia de genero”, organizado por el Honorable Concejo Deliberante. Deciden plantear la realización de un cortometraje, con el fin de expresarse y concientizar sobre la violencia de género. Es de destacar que los jóvenes han participado en la preproducción, la producción y armado de guión, la actuación y la filmación. La participación ha abarcado claramente desde la concurrencia a la toma de decisión en este proceso.
El resultado final es el cortometraje titulado “Antes que sea tarde”, el cual fue galardonado con el primer premio del concurso. Es importante hacer mención que no sólo han participado los jóvenes concurrentes, sino también se ha contado con la colaboración de las familias y otros actores sociales.
Durante el proceso de grabación, un mes aproximado de trabajo, observamos importantes cambios en los jóvenes. En la responsabilidad de llevar adelante la filmación, la colaboración entre pares, el fortalecimiento personal y grupal.
Repercute positivamente en su autoestima y su identidad, como también en sus procesos creativos, donde pueden observar capacidades que creían carecer. Se fortalece la tolerancia a las opiniones de los demás, la participación y expresión. Así mismo visualizamos que se sientan las bases para la construcción de proyectos de vida. Disminuyen los niveles de violencia física como forma de comunicación, siendo suplida por la palabra. Se construye un espacio de identidad propia de los jóvenes con los cuales se trabaja, y se observa el crecimiento de la solidaridad con los pares.
El ser creadores de una producción como el video, les permite ver lo que pueden llegar a hacer desde ellos mismos, por eso es importante la apropiación del espacio y los recursos ya que les da la confianza para crear y alcanzar lo que se propongan.
La experiencia realizada puede evaluarse como positiva, ya que los jóvenes han manifestado su necesidad y deseo de continuar trabajando en esta perspectiva. Surge así, ProyectArte como espacio creativo para la realización de proyectos sociales, como una necesidad expresada por los jóvenes para poder colaborar con su comunidad con el fin de lograr procesos de concientización, reconocimiento e integración.
Actualmente los jóvenes continúan trabajando en este espacio, donde deciden realizar un documental sobre su propio barrio. Interactuando con los distintos actores que conforman la cotidianidad de La Herradura mediante entrevistas que ellos mismos arman, filman y realizan. Por ejemplo, habitantes del barrio, Concejales del municipio, organizaciones no gubernamentales y movimientos políticos. Los actores sociales que participan, fueron elegidos por el propio grupo; esto evidencia la lectura crítica y comprometida de los jóvenes que visualizan las necesidades de trabajar desde distintos sectores para alcanzar sus objetivos y alcanzar las respuestas que buscan.
Su objetivo es poder expresar su visión adolescente de la realidad en la cual viven; asimismo, poder manifestar sus necesidades desde una lógica diferente a la que actualmente se utiliza como forma de expresión. Por otro lado, con este documental se apunta a fortalecer los lazos sociales del barrio, apuntando a una construcción de la identidad barrial, pudiendo ver las potencialidades de los actores que permita revalorizar su condición de sujeto social.
Consideramos que el título, “Antes que sea tarde”, del cortometraje es ampliamente significativo. Tiene que ver, con poder repensar qué espacio se le da a los jóvenes actualmente para expresarse y para encontrar su lugar social y personal.
Antes que sea tarde, debemos apuntar a nuevas formas de relación y de expresión con jóvenes que necesitan de espacios donde conformar su identidad desde una perspectiva positiva. Donde realmente puedan ejercer sus derechos, y puedan conocerlos.
Para esto es fundamental re-pensar el lugar de los jóvenes y sus reales necesidades. Pudiendo construir referentes comprometidos que revaloricen el lugar de los adolescentes brindando espacios donde puedan desarrollarse desde sus visiones y no desde la imposición de verdades absolutas o visiones externas.
Antes que sea tarde socialmente, se debe dar el tiempo y el lugar para poder escuchar sus pensamientos, sus deseos, sus dificultades, sus temores; para ver las potencialidades que tienen y superar los estigmas que actualmente se está conformando sobre esta población.
Evidentemente se observa que cuando se los reconoce como reales sujetos sociales, con su identidad, se les brinda el espacio que necesitan para desarrollarse, se observan importantes trabajos como el realizado por este grupo de jóvenes que TIENEN MUCHO PARA DECIR.·

Mirá el corto: http://www.youtube.com/watch?v=5Zv7l76VduM



¿DE QUÉ ME DISFRAZO CDO. ME DISFRAZO?
Una estrategia para la construcción
y despliegue de la subjetividad.
Autores: Grupo de profesionales del Centro Nuevo Día (Centro de día para personas con discapacidad). Lic. Marcela Fritz, Directora Técnica; Prof. Leticia Solari, Coordinadora Taller de Expresión Corporal. 

El presente trabajo tiene la intención de poder compartir una modalidad de trabajo y de abordaje, además de una mirada fundada en una particular concepción de sujeto. Sujeto atravesado por  una historia, por un presente y por un contexto que lo determina en sus elecciones, en su decir y en su hacer. El tener presente estos aspectos nos permite poder intervenir en función de lo que acontece en  su “aquí y ahora” propiciando el surgimiento de lo propio, lo singular y único que cada sujeto posee. 
Al pensar en personas con discapacidad mental o física, nuestra mirada no se centra en la falta o el daño que pueda tener, sino en lo que sí puede hacer, lo que sí tiene, en sus potencialidades y posibilidades, en lo propio, en lo que lo caracteriza y lo hace único e irrepetible. Por lo tanto, cada una de nuestras intervenciones apunta a favorecer y a estimular un proyecto de vida sustentado en lo que cada uno quiere, desde su propio deseo, desde su singularidad.
Es sabido que un diagnóstico basado en una estructura psíquica, en una lesión neurológica, en una alteración genética o un número de coeficiente intelectual, puede limitar y estigmatizar a una persona, alienándolo y enajenándolo de su propia vida y su propio deseo. Sin embargo, este diagnóstico no resulta predictivo ni de la vida social, ni de la calidad de vida que la persona pueda llegar a tener. Consideramos que lo más importante, y que muchas veces es olvidado, es la dinámica deseante. Si hay deseo, más allá de cualquier limitación física o mental, será posible encontrar un camino que le permita modelar su propio futuro. Para que esto sea posible quienes lo rodean deberán estar abiertos y sensibles a descubrir los caminos deseantes de ese otro ser, diferente, pero no menos deseante. Pensamos que sostener esta actitud hará posible disminuir la discapacidad vivenciada como parte del ser, haciendo de la limitación funcional existente, una inscripción en tanto diferencia, pero no vivida como déficit.
Por lo tanto desde esta perspectiva, el abordaje de la discapacidad en nuestra institución implica siempre el trabajo con la subjetividad en juego en cada persona, permitiendo abordar la limitación deseante. Consideramos que los logros obtenidos subjetivamente, en vez de aquellos a los que se llega por la vía del adiestramiento, son los que habilitan un proyecto propio de vida y una inclusión social genuina. Las diferentes estrategias de intervención rescatan al sujeto y sus posibilidades de hacer, de vivir y de desear.
Si bien la población con la que trabajamos es adulta, a diario nos encontramos con diversas situaciones en las cuales lo más básico ya se ve determinado por el otro. Imaginemos  entonces qué lugar tendrá la libertad de opinión, la elección personal, las inquietudes, los sentimientos, en suma el deseo.
Esta modalidad de abordaje se sustenta en lo interdisciplinario, intentando rescatar desde múltiples y complementarias miradas, la posibilidad de creación de un proyecto de vida propio. El constante desafío está en hacer escucha de esas inquietudes y elecciones, que podrán ser expresadas por diferentes medios y en distintos tiempos, pero que tienen mucho por decir.                     
En el Centro Nuevo Día la fiesta de carnaval es un proyecto que se implementa hace ya unos años. Es una actividad recreativa y de integración e intercambio con otras instituciones, además de ser una intervención terapéutica que nos permite acercarnos e interrogarnos sobre el suceder interno de cada uno de nuestros concurrentes, sobre la subjetividad en juego de cada uno de ellos. Es un proyecto que se sostiene y permanece en el tiempo a partir de la elección del propio grupo. Como tal lleva recorrido un camino, un proceso que año a año nos desafía a pensar y repensar las estrategias y modos de intervención a nivel del equipo de trabajo y también  al grupo de concurrentes, que los desafía a crear y recrearse, enfrentando la tendencia a la estereotipia y repetición.
Este proyecto de carnaval consta de varios momentos, momentos que no se suceden en una secuencia temporal sino que se entraman en un proceso dinámico, en el cual cada concurrente va plasmando su propia singularidad. El proyecto de carnaval se inicia con la decisión grupal de participar de la propuesta, y el comenzar a imaginar un personaje, un disfraz. Este primer momento está cargado de resistencias, caos y confusión, con intentos de caer en imágenes tomadas de lo externo o creadas por otros, sin un compromiso subjetivo. Se interviene tanto en lo grupal como también en lo individual,  favoreciendo el surgimiento de imágenes propias, de fantasías, sueños o de fragmentos de la realidad, mediante la implementación de diferentes recursos plásticos, corporales, lúdicos y de diálogo reflexivo y analítico. A partir de estos recursos se va consolidando el proceso y es donde comienzan a surgir símbolos e imágenes variadas, se comienza a corporizar una emoción, una fantasía, un fragmento de la realidad. Así la estrella se humaniza, se desmitifica el ogro, lo absurdo se hace posible. El personaje, el disfraz no es tomado como algo que cubre o tapa, sino como algo que devela, desenmascara y permite el juego, la libertad y la creación. Este nuevo personaje actúa como lugar de quiebre que permite abrir, penetrar, romper líneas repetitivas, descongelar estructuras rígidas, dando lugar a un discurso de las emociones, de lo interno, de lo propio.Un segundo momento tiene que ver con la forma, construcción que va tomando este personaje, favoreciendo la apropiación del personaje elegido. En la posibilidad de elegir materiales, elementos, colores, texturas, dimensiones y formas se va cristalizando la identidad del personaje y dando la posibilidad de acceso a la comprensión de las subjetividades puestas en juego. El qué elijo, el por qué y  el cómo, nos hablan de cada sujeto y su mundo interno, de su modalidad vincular, de su historia y su presente, como también de sus deseos y fantasías.
Un tercer momento tiene que ver con la posibilidad de jugar de este personaje, con sí mismo, con el otro, se le da cuerpo, palabra, forma, voz, movimiento, silencio, duda. Este personaje que juega, que se confronta y reafirma, va constituyéndose también en el intercambio con el otro. Así en el juego grupal va adquiriendo identidad, se va enriqueciendo, transformando y transformándose.
¿De qué me disfrazo cuando me disfrazo? Esta construcción del personaje y el disfraz en la que se embarcan cada año, implica un objeto concreto y tangible, pero también en este devenir cada personaje con su disfraz va cobrando vida, tomando cuerpo y palabra, articulando y recreando cada uno de los diferentes personajes e historias que habitan a este sujeto y que lo hacen único y singular. Así el personaje entra en escena, jugando deseos y fantasías que se presentifican y se hacen realidad junto a otros y con otros.
Este tránsito hacia la posición de sujeto deseante implica, como todo proceso de crecimiento, momentos difíciles, genera inseguridades, angustias, cuestiona, abre a interrogantes frente a los cuales pueden no encontrarse las respuestas o las encontradas pueden no ser las esperadas, pero en última instancia es el único camino habilitado para la construcción del Ser.
Entonces, nuestra estrategia es ser testigo de lo que se devela y sostén en el devenir, acompañando este difícil tránsito que implica la apropiación de la subjetividad.·
Encontrá más información en: www.centronuevodia.com.ar

· diciembre 2011 ·
Desde el HIGA de MdP
“La Residencia hospitalaria, un espacio de formación y práctica del psicólogo"

Autores: Aguilar, Mariana; Borgioli, Mariana; Canchelara, Luciano;
Cano, Fernando; De Uriarte Eugenia; Guerra, María Marta; Otegui Banno,
Manuela; Ponce, Manuela; Rodriguez, Claudina; Tenaglia, Daiana; Villa,
Paola. Residencia de Psicología HIGA Dr. O. Alende

Elegir la residencia hospitalaria de psicología como lugar de formación,
implica insertarse en una institución cuya historia se remonta en nuestro país
a los años 70; cuando a pesar de la falta de independencia de acción del
psicólogo, los profesionales intentaban crear espacios de formación en los
hospitales.
Intentos sucesivos y avances en el encuadre legal posibilitaron que en
1986 se creara la residencia de psicología en la Provincia de Buenos Aires,
(tres hospitales sede en la ciudad de La Plata). Posteriormente en el año 1989,
se crea la Residencia de Psicología en el HIGA Dr. O. Alende de Mar del Plata.
Cabe destacar que desde su apertura, la residencia se caracteriza
por articular la formación y la clínica psicoanalítica de los residentes con las
demandas y los ideales de la salud pública.
En el marco de este desafío, año tras año, profesionales que comienzan
su carrera ingresan en este hospital, buscando formación y práctica clínica,
desempeñándose en cuatro dispositivos: guardia, internación, interconsulta
y consultorio externo. Cada uno presenta sus particularidades, con
presentaciones clínicas distintas y demandas disímiles, la tarea del psicólogo
es dar una respuesta posible.
El dispositivo de Guardia constituye, en muchos casos, el primer
contacto del paciente con el servicio. Al ser un hospital general de agudos, la
situación de guardia puede resultar en una internación, cuando existe un riesgo
cierto e inminente de esa persona, o también puede llegar a constituir la primer
consulta que puede dar lugar a un tratamiento.
Quien llega a la guardia concurre de forma voluntaria, o bien es traído
por algún familiar o personal policial, puede llegar sólo o también portando una
orden de evaluación del Tribunal de Familia. En todos estos casos se podría
suponer un momento de discontinuidad en su vida, en donde algo del orden del
malestar subjetivo comienza a emerger.
Entendiéndose esta urgencia, como una urgencia subjetiva, particular de
ese individuo la cual no se puede generalizar y pone de manifiesto aquello que
no anda, y que hasta ese momento había podido sostener a esa subjetividad.
Desde esta perspectiva entonces, es importante poder localizar
los momentos previos a la consulta, diferenciando cuáles han sido las
coordenadas que determinaron que esa persona concurra a la guardia del
hospital ese día y en ese momento particular.
Esta primera consulta resulta de suma importancia, en la medida en que
posibilita al sujeto comenzar a ponerle palabras a aquello que lo aqueja.
Por lo tanto, desde este punto de vista lo que esa persona pueda decir
acerca de su sufrimiento resulta significativo, en tanto que habla de aquello que
ha conmovido su subjetividad, y por lo tanto habla no solo del sufrimiento sino
de su posicionamiento con respecto a este.

De esta manera entonces, este dispositivo se enmarca en la lógica
del dispositivo psicoanalítico, en la medida en que si bien la persona puede
concurrir esperando una respuesta-solución por parte de quien escucha, la
apuesta en la situación de guardia es que la queja sobre el sufrimiento pueda
empezar a ser escuchada por quien consulta, y de esta forma la solución
comienza a asociarse con las preguntas que se puedan llegar a relanzar en
este contexto, o bien generar un espacio donde pueda alojarse un testimonio
de su padecer.
La internación, como uno de los dispositivos de tratamiento que
se utiliza en el Hospital General, tiene por finalidad el cumplimiento de
diversos objetivos. Entre ellos se podría mencionar: conducir el tratamiento
psicoterapéutico de los pacientes internados, mediante entrevistas
psicológicas y evaluaciones psiquiátricas; realizar el diagnóstico diferencial
y presuntivo; decidir la estrategia de tratamiento a emplear y evaluar los
efectos subjetivos, vinculares y sociales de la misma; mantener entrevistas
con los familiares o personas allegadas para recabar información, evaluar
o no su posibilidad de continencia, explicarles la situación del paciente y
orientarlos en el acompañamiento del mismo; establecer los criterios de
externación, derivación y resocialización del paciente; disminuir y/o estabilizar
los signos-sintomatología aguda que motivó la internación. Todas las
intervenciones psicológicas encuadradas en el dispositivo de internación son
necesariamente articuladas con el quehacer clínico del médico psiquiatra,
quien ofrece al paciente en caso de ser necesario, medicación y seguimiento
psicofarmacológico.
El criterio para la toma de decisión sobre la internación de una persona,
se basa en la Ley de salud mental N°26657, la cual aduce que “ante el riesgo
cierto e inminente evaluado en un sujeto, junto a la ausencia de otra medida
terapéutica eficaz; se conduce a la internación, luego de su evaluación
interdisciplinaria (psiquiatría, psicología, trabajo social, enfermería, etc.), en
un servicio de salud mental perteneciente a un hospital general”. Es decir,
aquellos pacientes con los cuales se trabaja en este dispositivo, se encuentran,
al momento de la evaluación, en una situación de riesgo de la cual hay que
resguardarlo.
Desde el rol del psicólogo enmarcado en la teoría psicoanalítica,
podemos pensar el dispositivo de internación como un espacio en donde el
sujeto pueda emerger en su discurso. La institución vendría a operar como
un significante Amo vehiculizado desde la figura médica y el uso de los
psicofármacos. Esto permite la operación del S1, que ordena, nominando
los fenómenos observables desde una clínica de la mirada, basada en la
observación. Estableciendo un orden ante el caos del derrumbe simbólico en
el que se halla la persona, encontrando en la institución la calma necesaria
para apaciguar su padecimiento. Nuestra función radicaría en relanzar
significantes que operen como un S2, permitiendo al paciente ponerle palabras
a lo sucedido. Siendo esto posible en las entrevistas psicológicas, en las cuales
se intenta que el propio paciente se apodere de su palabra y que ésta no sea
impuesta por otro: “(...) con su acto el analista pone una pausa para desplegar
lo que allí se deposite, en ese marco simbólico particular, en ese encuentro con
el sufrimiento del otro (...)” (Sotelo, I.; 2007).
Pensándose la internación como un tiempo de comprender ante
el “no hay tiempo” que apremia al sujeto y que lo sumerge en la crisis en

la que se encuentra. Posición del paciente que está tomado por un exceso
en el momento de encuentro con el profesional, dimensión de rechazo del
inconsciente, que da cuenta de un silencio pulsional ligado a la pulsión de
muerte.
El dispositivo de consultorio externo, plantea un aparente terreno apto
para la práctica que se le supone al psicólogo o al analista. Por comparación
con otros dispositivos que por estar inscriptos en una institución médica
parecen mostrar más cabalmente su lógica, (la interconsulta, la internación
y la guardia), el dispositivo mencionado debería ser el que presente menos
obstáculos.
Ahora bien si se tomara la vertiente del “encuadre” supuestamente
analítico, es decir en una vertiente puramente ligada a un imaginario de lo que
debería ser el dispositivo, no se tardaría en encontrar dificultades respecto a lo
que la institución propone como espacio de consultorio.
La posibilidad de que un sujeto pueda analizarse en una institución
pública se encuentra con varios argumentos en contra: las arbitrariedades
burocráticas, el no pago, las molestias que en sí mismo implica la institución
(falta de consultorios, puertas cerradas que no pueden ser respetadas,
ausencia de divanes), consultorios muchas veces precarios, otras
paradójicamente “inhospitalarios”. La enorme multiplicidad de demandas
caracteriza al hospital, esto hace que el tiempo de las entrevistas para clarificar
las demandas y decidir qué tipo de intervención posible en cada caso, sea muy
importante.
Junto con lo anterior resuenan ciertas concepciones que ubican el mito
de que lo verdadero, el verdadero análisis, estaría fuera del hospital en el
consultorio privado y en el mejor de los casos el tratamiento en el consultorio
del servicio sería un “intermedio que posibilitaría hacia esa dirección”.
(Fernández, E. 2005)
Sin embargo hay psicoanalistas en los hospitales y la apuesta apunta
a llevar adelante su práctica sin reducirla a una psicoterapia. Tomando a
Rubistein H. A. “El analista ofrece, entonces, a quien consulta la posibilidad de
hablar de su sufrimiento. Su acto está en juego desde el momento en que da
al sujeto la palabra y coloca al saber de su lado. Esta oferta podrá convertirse
en entrevistas preliminares y en algunos casos en las mismas conducirán a un
trabajo analítico (…) Una demanda subjetiva escuchada en su especificidad.”
A partir de estos obstáculos es importante rescatar la dimensión clínica
y en este caso son pertinentes las palabras de Élida Fernandez (2005), al
señalar que: “…hacer aparecer el sujeto del inconciente en una institución
que aloja lo mensurable, que mensura también los resultados y hace de esto
el concepto de eficiencia, es una ardua tarea que solo es posible siempre y
cuando no reneguemos de la institución.”
Es decir que El hospital, crea condiciones diferentes, hay tratamientos
que sólo son posibles si el paciente está o concurre al hospital (la institución
puede hacer suplencia de una función paterna no ejercida). La transferencia no
es de entrada profesional, ni a su nombre. El profesional es, en principio, “del
hospital”. Es un trabajo el recorte respecto de la institución al nombre en
particular, pero que se sirve de lo anterior.
En este sentido la condición que posibilita el trabajo dentro de
la institución es de orden clínico y tiene que ver con lo específico del
psicoanálisis, es decir, que la entrada en análisis y por ende la analizabilidad

de un paciente reconoce como condición la instalación de la transferencia.
La interconsulta como dispositivo, es descripta por las enciclopedias
médicas como un procedimiento mediante el cual, a petición de un médico,
otro médico revisa la historia clínica del paciente, explora al paciente y realiza
recomendaciones sobre asistencia y tratamiento. El médico al que se realiza
la interconsulta suele ser un especialista con experiencia en un determinado
campo de la medicina.
Pero la interconsulta en salud mental, es un campo de mayor
heterogeneidad, dado que otorga al psicólogo la oportunidad de abrir la
escucha hacia otros campos, donde todo toma otra configuración: la demanda,
qué sujeto demanda, el contexto, el tiempo. Considerando asimismo las
características de la institución en donde se desarrolla la interconsulta, que
delinean sus particularidades, en un Hospital Interzonal General de Agudos, se
presenta una interlocución con muy distintas especialidades médicas, se corre
al compás del tiempo de la urgencia, y la sobredemanda de atención.
No se puede olvidar que se llama al psicólogo donde la práctica médica
no alcanza, porque se encuentra con la resistencia de los enfermos a curarse
a cualquier costo: ya sea que se niega a una intervención, se queja de un dolor
que no es esperable, no adhiere al tratamiento, o simplemente se sospecha
que simula. Ahí se convoca, cuando el objeto de la intervención se resiste.
Se responde con la premisa ética de cumplir el objetivo de restituir al
médico en su función, ¿qué significa esto? Para los psicoanalistas se trata
de que el médico pueda soportar la transferencia que suscita su figura en
sus pacientes, para lo cual muchas veces la demanda consiste en deslindar
lo somático de lo psíquico, siendo la pregunta del médico: ¿cuánto de lo
subjetivo hay en el padecer del paciente? Pero tanta otras veces se trata de
poder escuchar al especialista en lo que a este le angustia, y que le imposibilita
cumplir su función.
La interconsulta no deja de ser ese terreno, en el que se mezclan
distintos discursos y diferentes actores: paciente, médico, institución, cada
uno con sus demandas. Donde rara vez la intervención psi termina en consulta.
Sin embargo la función del psicólogo no deja de ser otra que restituir algo del
deseo, allí donde ha sido silenciado o gritado, expresado en el cuerpo, o en
algo que no se logra comprender, ya sea para el paciente o para el médico.
A modo de conclusión se puede plantear que la ética del psicoanálisis
convoca a distinguir siempre al sujeto de su demanda, recordar la disyunción
del deseo respecto del Ideal así como el desencuentro respecto del bien
moral. Dar lugar a la palabra de quien padece, ofertar la escucha en todos
los contextos en los que intervenimos, generar las condiciones para que una
demanda se formule y sostener el compromiso respecto de ella; constituyen
coordenadas que enmarcan la práctica clínica en el hospital y fuera de él para
quienes sostienen el psicoanálisis como praxis.
La transferencia, más allá de las diversidades imaginarias que se
suscitan en el escenario del hospital, sigue siendo la única condición que
posibilita un tratamiento analítico y habilita las intervenciones respecto de aquel
quien consulta.
El psicoanálisis, como discurso con el que se argumentan estas
prácticas, brinda herramientas conceptuales y permite alojar interrogantes,
ponerlos a trabajar. De todas maneras es la tarea, de quienes practican el
psicoanálisis en instituciones públicas, llevar adelante el desafío de sostener

las preguntas, argumentarlas, en fin, problematizar un hacer evitando que se
mecanice.

Bibliografía.

Fernández, E. (2005). Algo es posible. Clínica psicoanalítica de locuras y
psicosis. Letra Viva, Buenos Aires.
Gamsie, S. (2009). La interconsulta. Una práctica del malestar. Filigrana.
Buenos Aires
Rubistein H. (1993). Algunas cuestiones relativas a la práctica del psicoanálisis
en los hospitales. Revista Registros. Tomo Azul. Ed. La clínica en la
institución, Buenos Aires
Soler, C. (1993). ¿Como se analiza hoy? Manantial, Buenos. Aires.
Sotelo, I. (2007). Clínica de la urgencia. JCE Ediciones. Buenos Aires
 
· septiembre 2011 ·
Desde terapia ocupacional:
“un dispositivo para la inclusión social”

Por Valeria Ithurralde, Paula Frontini, O´keffe Ana, Ponceta María, Rodriguez Cecilia, Vazquez Ponce Yanina. Docente Lic María Laura Tejón, mltejon@mdp.edu.ar 

En la radio FM Mar del Plata
95.7 Radio Universidad
102.3 Radio de la Ciudad
Como estudiantes de la carrera de Terapia Ocupacional de la Facultad de Ciencias de la Salud y Servicio Social, de la Universidad Nacional de Mar del Plata, formamos parte del Grupo de Extensión Herramientas para la Inclusión Social1, en un proyecto llamado “Comunicación participativa, estrategias de inclusión y promoción humana como intervención comunitaria”.
Entendemos la extensión como una estrategia de interrelación directa y flexible entre la universidad y la comunidad, encaminada a lograr el intercambio de recursos intelectuales, materiales y humanos en beneficio de ambas instancias. Siendo la modalidad que adopta este proyecto la promoción de la salud, que tiene como propósito lograr la adhesión de algún tipo de población a un proyecto o acción. Desde el rol, lo que buscamos es brindar el acercamiento de este recurso a poblaciones en situación de vulnerabilidad, creando condiciones propicias para la salud, vinculadas a las condiciones de bienestar y desarrollo humano. 
Dicho proyecto ha sido pensado para habilitar espacios de inclusión e integración de personas con padecimiento psíquico y privadas de libertad, a través de talleres de capacitación en técnicas audiovisuales, la emisión de programas al aire en vivo Jaque Mate, las ideas no se matan y su segmento Expreso imaginario, hoy imaginario mañana ex preso (micros  grabados) que son emitidos por Radios de FM 95.7 Radio Universidad, Universidad Nacional de Mar del Plata, dentro de la prograzmación de 4D de la Secretaría de Extensión Universitaria y la 102.3 También, el desarrollo de seminarios de periodismo escrito y el funcionamiento  de un espacio virtual por medio de una red social y el blog www.derribandomurosmdp.blogspot.com.
Este taller toma como política de ejecución la educación no formal, basada en la pedagogía de Freire, es una educación grupal, donde Nadie se educa solo. El grupo aparece como entramado de múltiples inscripciones: deseantes, institucionales, políticas, históricas, ideológicas, económicas, morales, etc.
Siguiendo esta corriente, motivamos a la apropiación del espacio para el despliegue de su interioridad. Y en el grupo mismo es donde se comparte lo que cada uno está viviendo, sintiendo, necesitando. También la realización de la tarea en sí, los nuclea y reafirma como partícipe de un grupo y fomenta el ponerse en el lugar del otro.
Los destinatarios son dos poblaciones diferentes; por un lado privados de libertad, pertenecientes a la Unidad Penitenciaria Nº 15 de Batán, de género masculino en una franja etaria comprendida entre 20 y 35 años. Su condición no implica únicamente la falta de libertad, también conlleva la pérdida de relaciones y contactos sociales, la abstinencia casi total de relaciones sexuales, la falta de seguridad personal, la imposibilidad de acceder a muchos servicios y recursos de todo tipo (culturales, educativos, de óseo y tiempo libre), la exposición a riesgos para la salud física y mental.
Por otro lado la población de padecimiento psíquico, caracterizada por ser un grupo heterogéneo, que comprende ambos géneros y edades que van desde los 20 años en adelante. Son sujetos compensados psíquicamente, provenientes de diferentes instituciones de salud mental de la ciudad de Mar del Plata.
Ambas poblaciones, desde un primer punto de vista pueden parecer disimiles. Pero pueden encontrarse puntos de intersección. Como son la marginalidad, la exclusión, la vulnerabilidad, la deprivación, el aislamiento, el desarraigo a la sociedad y la adaptación pasiva a la realidad. Desde nuestra experiencia podemos inferir que los intereses que motivan el acercamiento al taller de ambas poblaciones son diferentes. Si bien la elección de participar en el proyecto surge por iniciativa propia, se puede percibir que  varía de acuerdo a la población. En el caso de padecimiento psíquico, los mismos se acercan con el fin de formar vínculos, redes, pretendiendo formar un rol más activo dentro de la sociedad y mejorar su calidad de vida. En el caso de la población privados de libertad, el acercamiento inicial surge por un interés de obtener méritos para acceder a diversos beneficios. Pero a medida que transcurren los encuentros, si bien no se diluye el interés principal, se crean vínculos entre los talleristas beneficiándose, a través de la construcción de lazos sociales, logrando crear un entramado desde lo social,  posibilitando el pasaje de percibirse como objetos, sin posibilidad de elección, a sujetos, siendo parte del  proceso de aprendizaje, internalizando vínculos singulares y creativos.
En el marco de la promoción de la salud el rol de la Terapia Ocupacional en este proyecto se centra en crear un espacio de apertura, en el cual  puedan apropiarse de este recurso (talleres de técnicas radiales), siendo las diversas actividades pensadas y guiadas por cada tallerista. De esta manera se pretende ser facilitadores de crecimiento personal, promoviendo la autonomía y gestión, otorgando oportunidades para el desarrollo en las relaciones interpersonales, creándose así un ambiente motivante y gratificante. Es decir la posibilidad de apropiarse de nuevos recursos y/o de reconsiderar y ponderar los propios y ponerlos a funcionar.
Si bien intervenimos en ambas poblaciones desde la promoción de la salud, el abordaje es diferente en cada caso, por las características antes mencionadas. Desde La Terapia Ocupacional y utilizando como mediador las técnicas radiales, tratamos de posicionarnos entre la realidad externa e interna de cada uno de los talleristas, facilitando un espacio de expresión, encuentro y contención, que le permitan correrse de su cotidianidad y donde su palabra toma otro valor ya que es comunicacional. En el caso de los privados de libertad, dejando de lado los neologismos intramuros y de la exclusión para volver al discurso de la inclusión. Sin reproducir esas relaciones “unidireccionales” que se dan en forma vertical y desde la dominación. Para asumir así, otros modelos comunicacionales. 
En el caso de la población de padecimiento psíquico funcionamos como un yo auxiliar, primero porque somos depositarias de sus ansiedades, es decir aquellas que se van suscitando en el trascurso del hacer, sumado a las demandas propias del rol radial y las dinámicas grupales. Por otro lado nos focalizamos siempre dentro de un proceso que sea facilitador para propiciar un actuar en lo externo, dirigido a la adaptación activa a la realidad. Una forma de hacer efectiva el fortalecimiento de las potencialidades individualidades y colectivas, una forma de hacer esto efectivo es a través del desarrollo de un proceso educativo no formal orientado a: estimular habilidades individuales para la vida cotidiana, la toma de decisiones y la resolución de problemas, favorecer el pensamiento creativo-crítico y una autoestima adecuada, promover valores solidarios y participativos y desarrollar estilos de vida sanos.
En cada encuentro semanal la búsqueda se centra en fortalecer los vínculos, entre ellos y con nosotras, estimulando el despliegue de la subjetividad, entendiendo a la misma como el resultado complejo de la interacción del sujeto (con sus atributos biológicos y psicológicos) con su familia y el territorio, bajo la influencia de los vínculos culturales, la estratificación social, las relaciones de poder y los medios de comunicación. Se expresa a través de la praxis humana, la ocupación, la actividad y la acción del hombre son conceptos que hacen referencia a la capacidad humana de dejar una huella en la vida social.
El espacio radial es un dispositivo, al cual ellos mismos eligen si concurrir o no, que les permite agruparse con sus pares, mirarse, descubrirse, aprender y darle un significado nuevo al de compartir una tarea. En la medida que esta sea significativa, auto-iniciada, auto-dirigida y siempre acorde con sus necesidades, gustos y capacidades

1 Docente y Directora Lic. Tejón M. Laura, Lic. Ayciriet Federico, Loc. Nac. Lorena García, Lic. Chaet Gonzalo, Lic. Fernández Guadalupe, Lic. Amorebieta Vitali Valentín, alumnas avanzadas de la carrera de la Lic en TO Laura Di Russo, Carla Shanz, Silva Emilia, Bergel Roldán Omaira

Nota pSUM · junio 2011 ·
Jugar una experiencia por el Lic. Roberto Stazzone

Comienzo saludando auspiciosamente la iniciativa de los responsables de pSUM al poner en circulación este nuevo instrumento de transmisión de discursos, palabras, ideas, escritura. En lo que me concierne, uno de los ejes que estimuló mi entusiasmo por participar de este primer número, es la intención de dar a la publicación un carácter lúdico a la vez que formativo.

El oficio de analista tiene algo de eso; jugar con palabras, con ideas, con historias, con ocurrencias, con preguntas. Atreverse a que nada sea como aparece al “sentido común” que, ante el juego de los niños, es encarnado por el sentido de los adultos. Lo que para un adulto es una silla, para un niño puede ser una nave espacial cuando, volcada sobre el respaldo, ofrece sus cuatro patas como habitáculo dentro del que puede experimentarse un maravilloso viaje a la fantasía. En el habitáculo del diván, un “adulto” puede quejarse de sus desventuras hasta que, transportado por sus asociaciones con la ayuda de un jugador audaz como analista, logra emprender el viaje a las fantasías de su infancia, recuperando la posibilidad de jugar de modo diferente el rol al que el destino pareciera tenerle asignado el sentido del sufrimiento.
Que esta publicación esté pensada prioritariamente para los estudiantes de Psicología, me anima a responder a la invitación de contar mi experiencia desde que me gradué – allá por 1977 - en mi afición a jugar también con los conceptos psicoanalíticos en campos aparentemente apartados de su corriente más “seria” de aplicación, cual es la clínica del caso individual. Son ellos el campo de lo colectivo, lo comunitario, lo institucional. Nótese que no incluyo el de “lo grupal”. Ello es porque he decidido hace mucho tiempo no enrolar mi pensamiento en los cauces propuestos por los estudiosos de ese ámbito, logrando entonces no atar mi pensamiento a demasiadas ideas que terminan instituyéndose como “novedosas” verdades inapelables a las cuales – a poco de incursionar en ellas – comprobamos como útiles recursos operativos (en el mejor de los casos) pero pocas veces estrictamente fieles a la base teórica que anuncian como origen.
Como en mi caso esa base teórica es el psicoanálisis, preferí siempre el retorno a las fuentes – las que elijo, Freud y Lacan – para emplear con la mayor fidelidad a su discurso de la que yo pueda ser capaz, los conceptos por ellos gestados - orientados a y por la experiencia clínica - en acciones, intervenciones y estrategias – es decir, otra práctica - que desarrollamos, por ejemplo, en el campo institucional y comunitario mediante la Extensión Universitaria. Parte de ese trabajo de adecuación teórica lo hacemos en un seminario interno del Grupo de Extensión al que he nombrado, precisamente, “Psicoanálisis en extensión”. En ese espacio, tenemos como ejes históricos – es decir, a los cuales volvemos cada tanto, tras explorar otros textos que los miembros del grupo proponen según su interés – “El malestar en la cultura”, de Freud y el Seminario 17 (El envés del psicoanálisis) de Lacan, en los cuales buscamos apoyo para la comprensión y análisis de los fenómenos que se nos ofrecen en ámbitos tan disímiles como el escolar, el jurídico, el de la infancia, en fin, el comunitario.
Una de las inquietudes que motiva mi búsqueda en los textos psicoanalíticos, es la de asegurar el sustento científico a nuestras prácticas, paralelamente al desarrollo de la formación de graduados y estudiantes del Grupo.
En ese rumbo, año tras año presentamos – con algunos miembros del mismo que también se van incorporando a la cátedra como adscriptos a la Investigación - el informe del avance de nuestras ideas en las Jornadas anuales del Grupo de Investigación “Teoría y Prácticas Psicoanalíticas”.
En ese trabajo he ido desarrollando la evidencia de que ambos autores, Freud y Lacan, ocuparon mucho tiempo y esfuerzo en la reflexión y escritura acerca de los fenómenos colectivos.
Es clásica la mención en este sentido de los llamados “textos sociales” de Freud, como “Psicología de las masas y análisis del yo”, el citado “El malestar en la cultura”, “El porvenir de una ilusión”, “Por qué la guerra?” y algunos otros textos más o menos conocidos sobre arte, religión y educación.
No es tan habitual el reconocimiento de la obra lacaniana en torno a cuestiones como la criminalidad, su temprano interés por los grupos operativos implementados por los ingleses luego del bombardeo alemán a Londres, o la familia, o sus opiniones sobre el carácter político de Freud y otros temas, aunque entre los psicoanalistas – pero no tan difundido entre psicólogos y estudiantes de la carrera – es más corriente el trabajo sobre los cuatro discursos del mencionado Seminario 17 del año 1969/70 (precedido por el anterior, Nº 16 de 1968/69 y el subsiguiente, Nº 18 de 1970/71) y su incursión del mismo año en “Radiofonía y televisión”, de los que se desprende – a partir de la conferencia dictada en Milán en 1972 - su invención del “discurso capitalista”, que luego retoma en contadas oportunidades en su enseñanza.
La incursión por esos textos me ha facilitado el sentirme autorizado a intentar la implementación de lo que en la época de mis inicios profesionales por el año 1977, comencé a experimentar mediante la escucha en el gabinete escolar de una secundaria que – cerrada la Carrera por la dictadura militar – era la única opción docente a que tuve acceso y hace unos años (por el 1994) resolví llamar “escucha analítica en instituciones y ámbitos colectivos”. Para decirlo simplemente, se trata de asistir al encuentro de diversas demandas en el ámbito comunitario procurando una escucha lo más cercana posible a la que desde aquel principio ejercito con mayor o menor pericia según el caso y el día, en el ámbito más recoleto del consultorio privado. Lo que llamamos “la clínica del caso”.
Y resulta que nos encontramos con “casos institucionales”, o colectivos. En los que escuchamos hablar a muchas personas, no a una. Y, sin embargo, allí también nos encuentra la pregunta: “¿Qué sujeto habla?”
Esto viene sucediendo tanto en una escuela de enseñanza primaria a la que asistimos durante todo el año 2008, realizando talleres con niños de conducta altamente agresiva (algunas compañeras que resultaron levemente lastimadas en algunos de esos “juegos” con que los pibes las ponían a prueba, pueden dar crédito que no exagero), así como en Talleres con docentes que realizamos previamente desde el año 2005 al 2007, o en las experiencias desde 1997 en Escuelas Especiales, o desde el 2003 en la Defensoría Descentralizada en Casa de Justicia, o también en Centros de Salud Municipales entre 2004 y 2007.
Claro que ha ido adquiriendo diferentes modalidades según se tratara de conseguir que a través del juego o las expresiones plásticas o artísticas (en el año 2008 nos acompañó “La impermanente”, una compañía de teatro espontáneo integrada por varios estudiantes de Psicología, entre otros/as) los chicos expresaran – procurábamos que cada vez más valiéndose de la palabra – diferentes conflictos de la vida escolar o familiar. O que en un Centro de Salud diversos consultantes confinados a una lista de espera se avinieran a formar grupos de circulación discursiva que no se confundieran con “grupos terapéuticos”, ya que no sostenemos la ética de ese recurso. O que los docentes de una escuela hospitalaria en reuniones periódicas hablaran de su angustia ante la enfermedad y muerte de sus alumnos.
Pero siempre tratamos de sostener lo que llamamos “ética analítica en ámbitos colectivos” y comparte con su referencia - la ética que guía la práctica psicoanalítica, inventada por Freud y formalizada por Lacan - la impronta de la abstinencia de imponer nuestros propios deseos como sujetos al destino y acciones de quienes nos consultan.
Esto no resulta fácil, allí donde nos demandan opinión, consejo, o directamente que nos hagamos cargo de guiar a los estudiantes, por ejemplo, cuando los docentes o adultos de un establecimiento escolar manifiestan “no saber qué hacer con ellos”.
No es fácil, pero tampoco imposible, a fuerza de cierta tozudez que nos anima, siempre menor a la que Freud nos deja adivinar en su obra y lo guió a una invención que – comprobamos – aún no halla sus límites.
Espero que un espíritu parecido anime a los creadores de esta revista para seguir insistiendo en la difusión de ideas y experiencias como la que espero haberles transmitido, por lo menos, con mediana claridad·

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