. Puente a otras localidades .

· Nota puente desde la institución A.I.Pe. ·
TRATAMIENTO POSIBLE para la psicosis

La institución de referencia, A.I.Pe., fue Galardonada con el Premio Reina Sofía de España 2011 1.Y es así que aquí tenemos hipótesis formuladas a partir de los interrogantes suscitados por el proyecto institucional 
de A.I.Pe, (Asociación Integradora de Personas con padecimientos psíquicos) desarrollado desde el año 1997. Desde Psum nos disponemos a interrogar(nos) e invitamos a los lectores a poder expresar(se) sobre otros modos de pensar y abordar el campo de las subjetividades; en este caso, un modo de estructuración: la psicosis y los dispositivos terapéuticos.


En el desafío permanente por resistir a los saberes cristalizados que se estereotipan en el campo de la psicosis, surge un proyecto, una apuesta, por formalizar (un) otros modos de realizar la labor específica y cotidiana en al abordaje terapéutico de personas sufrientes, en el campo de la salud mental, cuestionando, de alguna manera, las etiquetas diagnósticas psicotapatológicas y los saberes tradicionales alienados en lógicas de encierro y domesticación.  
Revelarse, resistir y producir, es animarse, de alguna manera, a pensar más allá del hacer diario. Construir nuevos saberes con esa materia prima que es el trajín de la praxis. Pues bien, aquí tenemos algo de esa rebeldía que moviliza, algo de “empuje” de un grupo de personas que intentan algo más allá de la psiquiatrización, del encierro, de la cosificación y de la pastillita contra la locura. De esa rebeldía surge A.I.Pe., de esa rebeldía surge el trabajo que nos presenta la Lic. Anahí Inda. Desde el equipo de PSUM nos disponemos a comentar sus hipótesis y a auspiciar debates.  
“La hipótesis general en la que se basó el proyecto consiste en la idea de que es posible generar dispositivos terapéuticos innovadores, que resulten en mejora de la calidad de vida de las personas con padecimientos psíquicos, e ir logrando la reinserción social del mismo.” 
“Regidos por la Ley de Discapacidad 22.431, que en su art. 2° dice, ´se considera discapacitada a toda persona que padezca una alteración funcional permanente o prolongada, física o mental que en relación a su edad y medio social implique desventajas considerables para su integración familiar, social, educacional  o laboral´.”
Siguiendo tales ideas, la Lic. Inda exploró en dicho trabajo ciertas hipótesis que se fueron desprendiendo de años de trabajo con pacientes con una estructuración psíquica como psicóticos, hipótesis desarrolladas que a modo sintético tan sólo se enumerarán ya que un desarrollo de cada uno excedería el espacio aquí disponible. El equipo de Psum dialogará con dichas hipótesis, abriendo sus propios interrogantes. Es así que la Lic. Inda nos dice: “Las hipótesis específicas que se desarrollaron fueron las siguientes: 
1. “Las personas con padecimientos psíquicos crónicos: no representan peligro inmediato para sí mismos ni para los demás, pueden ser tratados en dispositivos externos a los hospitales.”
Desde el vamos, en la primer hipótesis se corre el eje del encierro como única forma de tratar a alguien, y se nos engloba detrás del tratamiento de la cronicidad. Quizás esta hipótesis nos pueda abrir interrogantes con respecto al tratamiento en agudo, qué hacer frente a alguien a quien se trata como crónico y padece una descompensación, cómo actuar, cuáles son los límites. También nos interroga sobre la idea de “peligrosidad de la locura”, tan arraigada en el imaginario social, pero también sostenida en los discursos académicos. La idea de un sujeto peligroso nos acerca a la idea de “pena y castigo”, ¿qué mejor que el encierro para preservarnos los “normales”?  Interrogantes, en fin, que abrimos para fortalecer el trabajo intelectual de quienes nos interesamos en el ámbito de la salud mental.
2. “Tratar al paciente en un medio social normal y no en uno protegido, modifica su evolución, limita la cronicidad, evita las reinternaciones, previene la marginación y la exclusión al tiempo que da posibilidades de éxito en su inserción social. Se deben sostener las reglas de juego y las obligaciones de la sociedad circundante que son totalmente diferentes a las de la institución psiquiátrica. Se trata de instalar un medio que sirva de reestructuración del orden simbólico del paciente.”
Esta segunda hipótesis quizás nos comience a dar respuestas a las preguntas que nos hacíamos más arriba. Parece que las descompensaciones se pueden evitar; impresiona la idea de que la evolución de una persona con diagnóstico de psicosis no implica necesariamente una “recaída”, sino que puede sostenerse siempre que el tratamiento se lleve a cabo. Según esta hipótesis que plantea la Lic. Inda, en un medio sin tantos cuidados, podemos imaginar un espacio donde todo no es tan perfecto, donde hay posibilidades para que algo ande mal, donde hay lugar para el conflicto. Un lugar como en el que generalmente una persona habita.
3.“Es posible tratar al individuo con psicosis desde un tratamiento interdisciplinario, desde un conjunto de intervenciones en todas las esferas de la vida del paciente, con adaptaciones para cada caso teniendo en cuenta lo individual.”
Más allá del rescate de la individualidad, nos interesa sostener la idea de interdisciplina, término muy en boga pero que no siempre se practica, mal que les pese a los creadores de la nueva ley de salud mental. En ocasiones, porque sucede que la psiquiatrización en tratamientos de psicosis se pone en juego no sólo en los pacientes sino también en los profesionales, al darle por ejemplo mayor relevancia al saber omnipotente del médico psiquiatra, ya sea en los aranceles que suelen ser más abultados para el médico, en la consideración de que lo único que puede aliviar a un psicótico es una medicación, en el predominio de directores psiquiatras, y tantos ejemplos más que esta hipótesis parece desafiar. Preguntémonos qué hacer frente a la subjetividad alienada a un discurso amo. 
4.“Desde la estructura psíquica del paciente, él se ve a sí mismo como alguien alienado frente a los requerimientos de los Otros; por lo que es muy importante dirigirse a él como a un persona capaz de implicarse y de encargarse de sí mismo y no tomarlo como un objeto de atención en el que se ve únicamente un diagnóstico para aplicarle métodos apropiados. De este modo, se le pide al paciente su demanda personal, su palabra, su participación activa en la toma de decisiones. Entonces él pasa a ser, en lugar de un paciente, un participante activo en su tratamiento, un cliente, usuario, etc.
Es aquí donde quisiéramos detenernos. Utilizando esta hipótesis como punto de partida para re-lanzar el tema de la implicación de ése al que hasta ahora denominábamos paciente. La Lic. Inda nos habló de padecimiento psíquico y de discapacidad, pero luego de releer esta última hipótesis podría pensarse que ni padecer psíquicamente, ni atravesar una discapacidad, implican la idea de un sujeto pasivo al cual hay que atenderlo de manera “ideal”, sino que el mejor camino es implicarlo en todo aquello que le sucede, que más allá de su discapacidad y su padecimiento él es el único responsable de su vida. Quizás tendríamos que implicarnos como pertenecientes a una trama profesional frente a una persona que padece. ¿Será acaso que restituir la palabra al padeciente no es simplemente dejarlo que hable, sino a lo mejor restituir el saber sobre su sufrimiento a aquel que lo padece? En una de esas, ésta puede ser una buena ocasión para que nos preguntemos: ¿qué vemos, como profesionales portadores de un saber, al ver un discapacitado? 
5. “En la persona con padecimientos como la psicosis, se suelen vivir las relaciones con los otros como relaciones de fuerza y juegos de poder rígidos, no se tiene acceso a los cambios, a la flexibilidad en estos juegos de poder. Para poder sacar al paciente de este juego macabro se necesita introducir nuevas formas de relación, que irán permitiendo mejorar sus relaciones.”
La relación con el otro está afectada, hay interferencias. Y entonces, ¿cómo entramos, los que encaramos estos tratamientos, en ese circuito tan afectado? ¿Cómo hacemos para escapar a ese juego de poder, cómo injertarnos de un modo flexible en un universo rígido? Quizás los tratamientos en las psicosis nos marquen y afecten de un modo especial, en el cual habrá que involucrarse y animarse a sostener una relación terapéutica donde lo más importante no sea otra cosa que dicha relación.
6. “La estructura de la organización del Centro, debe permanentemente apoyar los objetivos del tratamiento. Es decir, cualquier profesional que intervenga en el tratamiento (cualquiera sea su formación), debe mantener el objetivo del tratamiento establecido.”
Formación, orientaciones teóricas dispersas, anonimatos voraces de teorías contradictorias, parecieran no ser yuxtaposiciones interpuestas que tengan que rivalizar sí o sí, sino modos de entender problemáticas comunes donde los objetivos son lo primordial. ¿Y qué objetivos podremos tener en un centro? Dejemos la pregunta, hagámonosla, releamos una y otra vez este artículo y vayamos a la bibliografía que nos sugiere la Lic. Inda y quizá encontremos respuestas.
7. “Es esencial implementar un sistema de información en el trabajo en equipo que permita ir evaluando y modificando las intervenciones en la medida que se vea necesario.”
Otra vez surge el tema de un equipo interdisciplinario que regula sus intervenciones, con el agregado de una posible evaluación. Es decir que una intervención no debería ser pensada de modo individual, en el vacío, donde todo vale, sino que la Lic. Inda nos plantea que podemos darnos cuenta al actuar bien y al actuar mal, en qué acertamos, dónde hicimos oídos sordos. Aquí también cabe preguntarnos qué criterios podemos seguir para dicha evaluación, de dónde sostenernos, qué derecho nos arrogamos para decidir sobre lo que estuvo bien y lo que no. Igual criterio de búsqueda en este texto y en la bibliografía sugerida por la Lic. Inda tendríamos que perseguir.
Conclusiones sin hacerse, fines abiertos, preferimos dejar en esta nota. Nunca apostamos a los cierres de sentido y menos con un tema tan abierto como puede serlo el de tratamientos en las psicosis. Optaremos, como ya es costumbre, a que el lector no sea sólo un lector, sino un usuario que construye con nosotros lo que acaba de leer. Pero no podemos dejar pasar la idea de que existen otros modos de acercarse a un ser sufriente, modos que van mucho más allá de un consultorio, un psiquiátrico o una pastilla. Nunca dejará de ser un acto de rebeldía la auspiciosa escucha de alguien que se anime a priorizar la subjetividad. 

Artículo e hipótesis originales: 
Lic. Inda, Anahí basadas 
en el proyecto realizado por A.I.Pe
Comentarios y notas al margen: 
equipo pSUM - Lic. Castro, Pablo
Lic. Bruno, Patricia



Bibliografía

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Editorial Polemos Bs.As. 1997.  

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· Chopra, D.  “La curación cuántica” 
Editorial Grijalbo Méjico 1994.

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· Laing, R. D. “El Cuestionamiento 
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· Schützenberger, Anne Ancelin 
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y Contraparadoja” Ediciones 
Paidos,  Barcelona, 1998.

· Sullivan, Harry “La Entrevista 
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· Watzlawick, Paul; Beavin, 
Janet H.; Jackson, Don D.; 
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Humana”. Ed. Herder, 1989.


· Puente al norte argentino, Fundación Alma ·
Tren hospital para chicos
Por la lic. CONSTANTIO MARIA FLORENCIA
Esta es mi experiencia como trabajadora social en un tren sanitario. En la actualidad me encuentro realizando el tercer año de la Residencia en Trabajo Social en el Hospital Interzonal Gral. de Agudos “Dr. Oscar Alende” de la ciudad de Mar del Plata. Se encuentra enmarcada como capacitación de posgrado perteneciente al Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires. Durante dicho año, nos permiten realizar una rotación libre a elección cuyo único requisito es que sea en el área salud. 

Nunca tenía bien en claro qué destino iba a elegir, pero cuando mi compañera de año me comentó de un tren sanitario que viajaba a las provincias del norte con varios profesionales de distintas disciplinas, me atrapó la idea y ahí en más comenzaron las averiguaciones para poder viajar.
En un viaje a Buenos Aires que fuimos con compañeras de la residencia a un congreso, pude acercar mi curriculum a la trabajadora social que coordina los viajes. Me explicó cómo funcionaba todo y quedó en llamarme para combinar fechas.
En Agosto de 2011 la coordinadora me llama para avisarme que existía la posibilidad de realizar un viaje el 30 de Septiembre con destino a Salta. No dudé en organizarme y preparar las valijas...
Comencé a investigar de qué se trataba este tren y a saber un poco de toda su historia. La Fundación Alma es una Organización no Gubernamental, sin fines de lucro cuyos profesionales trabajan ad-honorem. El Tren-Hospital se originó con la necesidad de llevar asistencia médica, odontológica y educación sanitaria a las provincias del norte argentino que no cuentan con servicios pediátricos. En el año 1973, el médico pediatra Martín Urtasun crea la Fundación Alma. Comenzó su utilidad con la remodelación y equipamiento de la sala de cirugía infantil del Hospital Torcuato de Alvear, en la ciudad de Buenos Aires.
En el año 1978 Ferrocarriles Argentinos cede a Alma tres vagones de trocha angosta, en desuso para transformarlos en un hospital.
Durante los años 1980-2002, el tren hospital alma, realizó 139 viajes y atendió a 70.000 chicos. Por problemas de mantenimiento no funcionó durante dos años. El Gobierno Argentino asumió la reparación del tren hospital, en los talleres ferroviarios de Tafí Viejo, en la provincia de Tucumán.
El 13 de Agosto de 2004 vuelve a funcionar a las localidades de Tapso y Lavalle en Santiago del Estero hasta el día de hoy.
Las rutas: Los vagones del Tren-Hospital son de trocha angosta. Es por eso que sólo pueden circular por las vías del ferrocarril Belgrano Cargas, empresa con la que Fundación Alma firmó un convenio de traslados y mantenimiento del material donante.
Alma coordina con el ferrocarril los destinos y las fechas de los viajes, condicionados a la disponibilidad de trenes que se dirijan a la región. Enganchado a los trenes cargueros el Tren-Hospital parte de la estación terminal de Retiro, en la ciudad de Buenos Aires.
En estos 30 años se han visitado las provincias de Jujuy, Tucumán, Santiago del Estero, Chaco, Salta, Santa Fe, Formosa, San Juan y La Rioja.
En estas dos últimas, por el mal estado de los ramales, en la actualidad no se presta atención médica, desde el año 2001.
Objetivos del tren-hospital:
• Atención primaria a la salud;
• Educación Sanitaria;
• Bioestadística.
La atención está orientada a chico/as de 0 a 18 años. El equipo de salud está integrado por profesionales voluntarios: médico clínico pediatra, enfermera, odontólogo, trabajadora social, radióloga, bioquímica y él/la coordinadora que puede ser de cualquiera de estas disciplinas.
El equipamiento del tren
El tren Alma está formado por tres vagones que conforman un hospital rodante de mediana complejidad: incluye salas, consultorios y equipamientos médicos (rayos X, enfermería, laboratorio). Cuenta además con dos sillones odontológicos. En el segundo vagón están los camarotes, baños y un salón comedor. Y en el tercero se encuentra la cocina, sala de motores usina y mantenimiento.
Organización a todo vapor...
Tomé contacto con la coordinadora para consultar qué debía llevar, cuál sería mi función y despejar las dudas que tenía. Desde un primer momento me dieron total libertad para proponer y trabajar temas que me interesaban.
Pensando que iba a estar con otras disciplinas, pudiendo dar alguna charla y trabajar en equipo, me comuniqué con el Ministerio de Salud de la Nación (Dirección de SIDA y ETS, área de prevención) solicitando folletería, preservativos y afiches para llevar al  viaje. Material que tuve que ir a retirar el mismo día antes de subir al tren!!!
A su vez me contacté con el Ministerio de Educación de la Nación, quienes me prepararon 200 revistas sobre la nueva Ley de Educación Sexual Integral Nº 26.150 para poder llevar a las escuelas de las localidades a donde viajaba.
El tren partía desde retiro el 30 de Septiembre, con destino a Salta. Estaríamos en General Pizarro y Coronel Mollinedo en la localidad de Anta, aproximadamente durante 15 días, lo que sería la duración del viaje.
Ese día nos encontramos todos los profesionales que partiríamos rumbo a poder compartir juntos esta experiencia, con los propios miedos, ansiedades y ganas de trabajar.
El viaje para llegar al primer pueblo duró cinco días, en donde la experiencia se asemejaba mucho a un Gran Hermano!!!.
Y sí, cada uno contando su historia: de qué profesión era, provincia, en dónde trabajaba, edad, por qué había elegido formar parte de esta experiencia y demás. Éramos de varios lados, Capital Federal, Buenos Aires, Rosario, Mendoza, Entre Ríos, Tucumán y yo de Mar del Plata.
Cada camarote tenía dos camas, donde poco espacio había, y yo que me había llevado una valija como para un mes. A su vez mi compañera de camarote, una enfermera divina, con casi el mismo equipaje que yo.
Los días antes de llegar al primer pueblo, transcurrieron en charlas, paradas por varias horas en distintas localidades cuando esperábamos el cambio de maquinista, comidas riquísimas que nos preparaba la cocinera con la que viajábamos y a su vez, aprovechando los baños que nos prestaban para ducharnos y no gastar el agua del tren que escaseaba.
Un día antes de llegar al primer pueblo hacia donde nos dirigíamos (General Pizarro), comenzó la organización del espacio de trabajo. Cada profesional tenía que ordenar en dónde iba a trabajar y a su vez acomodar un poco toda la medicación que se llevaba que estaba distribuida por todo el vagón.
Cuando vi por primera vez el lugar donde iba a atender, entendí bien por qué no van dos Trabajadoras Sociales. El espacio era más que chico, estaba todo ocupado por medicación y debía ordenar un poco. Y así comenzó la atención en Pizarro. Se atendía desde las 8 de la mañana hasta las 19 hs., con un corte al mediodía para almorzar todo el equipo de salud completo. El cronograma de atención era por cinco días.
Al comenzar el día, siempre había una fila de muchas mamás que estaban desde temprano para que sus niños/as sean atendidos. La atención comienza con la trabajadora social, quien entrevista a la mamá o familiar responsable que acompaña al paciente, completando en la historia clínica la situación familiar, socio-económica, habitacional, educación y todo lo relevante para elaborar un diagnóstico de la situación. Con esa ficha el paciente es atendido por la enfermera, quien los pesa y los mide, registrándolo en la historia clínica. Luego son atendidos por los médicos pediatras, quienes piden en el caso que sea necesario radiografías o laboratorio, para elaborar un diagnóstico. Finalmente si es necesario, se entregan los medicamentos en forma gratuita. Y por último, reciben la atención odontológica.
En el primer pueblo, recibieron atención alrededor de 350 niños/as y adolescentes. Muchos de ellos eran población boliviana, cuyos padres trabajaban en las fincas, donde vivían en asentamientos muy precarios. Las viviendas en su mayoría eran con piso de tierra, recubiertas de plástico, donde no contaban con ningún servicio. Utilizaban leña y vela, pozo o letrina.
Concurrieron al tren 2 misiones wichi (Burela y Enacore), invitándonos un delegado municipal a conocer el lugar donde viven.
Fue una experiencia increíble, dado que las dos misiones son muy diferentes. La de Burela viven en casas del plan federal de viviendas, los niños/as concurren a la escuela del pueblo y los padres trabajan la tierra. Las mujeres confeccionan artesanías siendo otro medio de subsistencia.
La misión de Enacore (que tiene como significado “manantial del que clama”) viven en toldos, es una comunidad donde mantienen sus costumbres, su lengua originaria como primer idioma. El cacique es quien organiza la comunidad. La vivienda está formada por cuatro palos revestidos con ramas, haciendo así las paredes, como así también el techo y el suelo de tierra. Los niños/as no concurren a la escuela y presentaban problemas de salud, como parasitosis, respiratorios y en algunos casos desnutrición.
Ambas misiones fueron muy amables en el recibimiento, regalándonos una artesanía hecha por ellos a todos los que viajábamos en el tren.
En Pizarro, un día bien temprano concurrí con el coordinador a la escuela del pueblo (Nº 4052) y al colegio (Nº 5151), donde hablamos con los directores y acordamos realizar una charla sobre educación sexual, métodos anticonceptivos, enfermedades de trasmisión sexual, teniendo en cuenta la demanda cotidiana con la que se encontraban los maestros. Es así como con una de las médicas, la enfermera y yo como trabajadora social, comenzamos con  la preparación de la charla. Teniendo en cuenta que “un equipo de salud es un grupo de profesionales que comparte un mismo ámbito y un mismo objeto de intervención, aunque desde diferentes abordajes”1, se planteó como objetivo del equipo informar sobre el concepto de sexualidad, diferencia entre sexo y sexualidad, derecho a la salud, enfermedades de transmisión sexual, métodos anticonceptivos y colocación de preservativo. Se armó una urna para que los estudiantes escribieran las dudas que tenían, respondiendo a sus interrogantes desde las tres disciplinas. También se les entregó folletería que había sido llevado.
La charla tuvo una buena repercusión, dado que los maestros y los directivos nos mencionaban que muchas veces se les dificulta hablar con los alumnos de ciertos temas, por vergüenza de ellos mismos o por desconocimiento. Esto me hace pensar, cuánta falla hay a veces en el sistema educativo, o mismo en los centros de salud, donde no se les habla a los chicos/as o no se les pregunta qué dudas tienen, teniendo en cuenta que hay una ley que incorpora en los niveles de enseñanza contenidos sobre sexualidad.
Terminando la atención en el primer pueblo, los delegados municipales nos organizaron una cena en agradecimiento por la atención que se les brindó a todos los niñas/os y adolescentes que visitaron el tren.    
Es así como partimos esa noche al segundo pueblo, Coronel Mollinedo, donde estaríamos cuatro días atendiendo con el mismo horario.
En dicho pueblo se atendieron 250 chicas/os. Haciendo un total de atención en el viaje de 600 personas.
En Mollinedo, vinieron periodistas del canal Anta Visión, para difundir cuántos días se quedaría el tren, y entrevistar a los profesionales que viajábamos. También el coordinador concurrió a una radio para hacer difusión.
Muchos de los padres que acompañaban a los niños, desempeñaban tareas laborales en las escuelas, el destacamento policial, la municipalidad y empresas agrícolas, las madres cobraban la asignación universal por hijo y la mayoría de los chicos estaban escolarizados.
En ambos pueblos parte de la población no cuenta con servicios de gas, luz y agua potable. Las familias entrevistadas mencionan que si bien hay una sala en cada pueblo, la atención médica y odontológica no funciona todos los días, y en casos de urgencia o atención de otras especialidades, deben dirigirse a las estructuras sanitarias que hay en las capitales de las provincias o ciudades más importantes, alejadas de los pueblos y asentamientos más pobres. Teniendo en cuenta que a estas familias les cuesta atravesar esas distancias, por falta de recursos y dinero que no disponen, les resulta imposible trasladarse.
Reflexión final.
Desde mi disciplina, el aporte que realicé como cambios a tener en cuenta para otros viajes, es la importancia de contar con dos trabajadoras sociales, dado la demanda de atención que hay. Destaqué el cambio que podría tener el registro en la historia clínica (cada chico/a cuenta con una historia clínica, y sería mas factible el armado por grupo familiar, teniendo en cuenta las familias numerosas y que en muchos casos se registraban los mismos datos).
Otra propuesta que sugerí es la importancia de dejar en cada pueblo, las derivaciones de los casos que se requiera de un seguimiento (de cualquiera de las disciplinas que intervienen) ya sea a un centro de salud de mayor complejidad, en el área de educación, municipal o a quien corresponda; para poder abordar el caso en profundidad teniendo en cuenta que con pocos días solo se puede aportar una impresión  diagnóstica.
Desde mi experiencia puedo decirles que me gustó mucho haber podido realizar el viaje con el tren Alma, fue una experiencia que nunca voy a olvidar. No sólo por el cariño que uno recibe de la gente con la que trabajamos en cada pueblo, cada niño/a que se subió al tren, sino como también saber que por más que sea un granito de arena, es importante poder llevarlo a cabo.
El tren nos permitió ser un nexo entre los que necesitan ayuda y nosotros como voluntarios con ganas de poder brindarla, un cruce de caminos…·

· Desde Batán ·
Salud mental en la Institución Penal
Por el LIC. Durante Guillermo

En el presente artículo el Lic. Durante Guillermo, Coordinador del Departamento de Salud mental –Adicciones, de la Dirección General de salud Penitenciaria de la alcaldía de Batán, nos despeja interrogantes y afectaciones sobre su labor en una institución total1. El diálogo entre el Lic. Durante y la Lic. Patricia Bruno (pSUM) se realizó a través de correspondencias y mensajerías que permiten “otros tiempos” y “espacios” en la producción de un encuentro artículo conjunto, que no se alienara en categorías temporo-espaciales rígidas. La posibilidad de pensar nuevos modos de habitar, de vincularse en dispositivos de encierro. 
Interrogantes por Correspondencia:
¿Qué es la Dirección General de Salud Penitenciaria?
La Dirección General de Salud Penitenciaria, es lo que funcionaba dentro del Servicio Penitenciario Bonaerense como el Departamento de Sanidad. Los recientes cambios de políticas, en favor de un mejor funcionamiento y asistencia para con los internos, propiciaron la autonomía del área, respecto del Servicio Penitenciario Bonaerense.
¿A cuáles políticas aludís? ¿Qué orientación proponen para mejorar la calidad de atención de los internos?
Las políticas que intervinieron en la creación de una nueva estructura que agrupara a todos los profesionales de la salud y que funcionase sin depender en forma directa de la Jefatura del SPB estuvieron vinculadas a entidades de Derechos Humanos y a la posibilidad de dar un giro a la atención de la salud de los internos dentro de las Unidades Penales que respondiese a los reclamos realizados por dichas entidades.
¿Creés que la posibilidad de funcionar autónomamente del SPB, favorecerá a los objetivos de la dirección?
Todo proceso de cambio lleva su tiempo de consolidación hasta que las partes intervinientes re-definen su posicionamiento y su injerencia dentro de la totalidad de la Institución. Más allá de las separaciones estructurales que atraviesan la práctica diaria de los profesionales, tanto de seguridad como de salud, a mi entender considero que es imprescindible, un trabajo en equipo entre ambas áreas para que el mismo sea efectivo. De modo contrario, nos encontramos con dos partes que disputan algún tipo de autoridad o poder, lo que se realiza de forma inconsciente sobre el cuerpo del interno. Nuevamente nos encontramos con un proceso de des-subjetivación, poniendo al interno en un lugar de objeto sobre el cual se disputa una pertenencia o un abandono. La posibilidad de un mejor funcionamiento del área salud, tiene que ver con la adecuada articulación entre ambas áreas que posibilite una mirada sobre la condición sanitaria del interno y no sobre disputas institucionales, las que se dan en el marco de todo proceso de reformas.
¿Cómo se trabaja en este intento de interrelación con el sistema judicial? ¿Qué aspectos deberían ser re-pensados en la relación entre salud mental y Justicia?  
En este punto me parece interesante poder pensar la cuestión de la reincidencia o mejor dicho la “compulsión a la repetición” como mecanismo de retorno más allá de lo puramente delictivo o criminológico. Las instancias judiciales (Juzgados, Tribunales, Jueces) tienen una impronta en la representación de la ley ante el sujeto privado de la libertad que, en quienes tienen una estructuración psíquica dentro de la neurosis, funciona a modo de sostén, límite e interdicción. El seguimiento del cumplimiento de la pena, mediatizado por un tratamiento psicológico y sostenido por un juez que se “ocupe” de la evolución del interno, interviene en esa tendencia a la compulsión y posibilita el acceso a pensar las causas de su privación. El discurso jurídico así como el psicológico han comenzado a tener puntos de contacto en donde la interacción de ambos facilita un abordaje conjunto y complementario de la situación personal del interno. Indefectiblemente considero que dicha evolución en el tratamiento de los internos, ha mejorado los derechos humanos de los mismos, destacando que éstos, no se limitan al reclamo sistemático de un plato de comida. Desde mi óptica particular, cuando un interno puede acceder a la posibilidad de pensar, podrá comenzar a replantear cuestiones inherentes a su salud mental y desde allí reclamar derechos subjetivos. De modo contrario, quedan atrapados en una banalización de los reclamos que quedan instalados en la queja sin poder ir más allá de ella. El sistema judicial funciona a modo de derivación sin tener en cuenta la subjetividad del paciente. Por lo general los tiempo legales y los subjetivos no tienen un entrecruzamiento que acompañe el proceso de tratamiento del interno, que no solo aborde la cuestión adictiva-tóxica sino también  la posibilidad de vivir en el “afuera”,  en función de no retornar al encierro. En gran parte y con determinados juzgados lo que se trata de trabajar es la situación por la que atraviesa un sujeto, una vez recuperada la libertad y se entiende como efectividad la posibilidad de “pedir asistencia” antes que regresar a la cárcel. También se debe considerar que el desborde en el que se encuentra el sistema judicial implica la despersonalización del interno, lo que solidifica esto de “sos un preso” cuando debería ser “estás preso”. La denominación de dicha situación hace al despojamiento de ese “algo” de subjetividad que pudiese emerger, por lo tanto a lo que se apunta es a que el sujeto “esté preso” y en ese “estar” pueda comenzar a trabajar algo de lo que lo indujo a ese “estado”. El “ser preso” ya tiene una connotación justamente en el “ser” que implicaría de forma velada una cierta dificultad en modificar determinadas cuestiones de su vida. En muchas circunstancias, tanto se insiste en el “sos” que se termina creyendo que “es” y ahí la frustración de creerse “no poder ser quien era al ingresar”. Hay otro que designa qué y cómo se debe ser dentro del ámbito carcelario, y ese otro es el sistema.
El tema, me y te interrogo, es si hay alguna vía para re-pensar otros modos de vivir, de habitar, de vincularse de los sujetos en internación penal.
¿Creés que hace falta un cambio de paradigma en el aparato judicial y en la sociedad actual para afrontar los límites del trabajo en salud mental?
En cuanto a lo que interrogás creo que hay varias formas de habitar y de vincularse dentro de un espacio cerrado, una cárcel o como quieras denominarlo. Una de las formas de habitar tiene que ver con aquellos sujetos que, en su estructura, poseen la posibilidad de poder pensar algo de lo reparatorio en relación al delito cometido y por lo tanto dejar de lado la sobre-adaptación al sistema como para acceder a una capitalización del dolor infringido a otro, con la correspondiente aparición de la culpa. De esta manera y con la posibilidad de trabajar esta aparición en un “espacio de terapia” se procura generar una línea de pensamiento en donde el “Habitar” esté relacionado con el responsabilizarse de “habitar un cuerpo” y ese “cuerpo” pueda “Habitar un espacio”, más allá de los prejuicios y críticas; ese “encierro”,  representado clásicamente por un muro o una reja funcionó de TOPE, ese que no estuvo instaurado en otro momento y propició una detención en el acto. Aquellos que pueden reconocer el límite que marca la reja y re-pensar de la reja para adentro son, considero, quienes pueden comenzar con un proceso de movimientos subjetivos interesantes que intenten evitar el regreso. Los otros que se topan con la reja, pero  sólo chocan contra ella con sus cuerpos, porque su mirada continúa en el “más allá” de ella, son quienes continúan habitando “espacios” no habitan “cuerpos” porque esos cuerpos están anclados a la reja que es quien no los deja salir. Recuperar la posibilidad de transitar por la vía pública no es recuperar su libertad, por consiguiente retornan de manera sistemática, porque en verdad nunca se fueron. Para ellos, el vacío interior se proyecta en el espacio sin poder encontrar nada que los “convoque a…”. Creo que, básicamente, son las dos formas más comunes de habitar en la cárcel.
En cuanto al tratamiento: ¿quiénes son los destinatarios? ¿Sobre qué criterios se define la población tratante?  ¿Existe una demanda de tratamiento?
El tratamiento está destinado a todos los internos que conforman la población de la Alcaidía, además de haber diferentes centros en otras Unidades Penales, la llegada al tratamiento puede ser por demanda espontánea, derivado por el juez, sanidad o detectado en la Junta de Admisión, que es una Junta interdisciplinaria que se le realiza a los internos cuando ingresan a la Alcaidía. En el caso de detectarse consumo de tóxicos se los deriva a Adicciones a efectos de que se evalúe el grado de consumo y el inicio de un tratamiento acorde al caso.
Hay totales garantías, al menos en los que mi gestión respecta, de que si es necesaria la realización de un tratamiento, sea específico de adicciones o de salud mental, el mismo será brindado en esta Alcaidía o en donde las condiciones estén dadas para la realización del mismo. Debemos aclarar en este punto que, Alcaidía es una instancia destinada a todos aquellos internos detenidos (quienes todavía no tienen la prisión preventiva, por lo tanto no pueden realizar actividades dentro de la alcaidía, por cuestiones de seguridad y cuidado, por ejemplo una pelea, etc. El juez tiene 45 días para arbitrar la medida preventiva, de modo contrario, si llega esa fecha y no se dispuso,  se va en libertad y/o procesado para el cumplimiento de la pena. La Alcaidía no es un espacio en el que el detenido quedará alojado definitivamente para cumplir su pena. No obstante, es aquí donde se detectan las necesidades sanitarias de los sujetos que ingresan y se arman las estrategias correspondientes a un abordaje pertinente.
Los criterios de admisión están vinculados a la solicitud (no demanda) de los internos. Desde esa instancia de pedido se evalúan las cuestiones referentes a las posibilidades del interno, como sujeto para poder sostener un tratamiento. No hay una demanda explícita, y menos cuando hay una orden judicial, de realizar un tratamiento y, de no cumplimentarse, no accedería a los requisitos para la obtención de algún tipo de beneficio, una vez alcanzados los tiempos legales para poder hacer usufructo de los mismos. Más allá de eso, lo que se intenta es poder poner en marcha algún tipo de pensamiento que permita alguna reflexión acerca de su llegada a la pérdida de su libertad, o al menos de su tránsito por este periodo de pérdida de su libertad. También se tiene en cuenta qué movilizar, con relación a lo que el sujeto trae. Aquí, entran en juego diferentes variables a considerar, debido a que lo continente, muchas veces no es suficiente cuando se debe jugar fuerte. Las condiciones del equipo, institucionales y del paciente no están dadas para que se ponga en juego “algo” que podría poner en riesgo la integridad del paciente. Ante esto la impotencia de no poder en ese ámbito, aunque se continúa trabajando para posibilitar un acceso en el afuera, en donde las condiciones estén dadas, en donde la contención sea posible desde un andamiaje que va más allá de la familia.
¿Qué particularidades tiene el tratamiento?
El tipo de tratamiento que hay en la Alcaidía es de tipo ambulatorio, es decir el interno vive en su pabellón y concurre a tratamiento con una frecuencia y tareas a acordar según el perfil que presenta y las características criminológicas que se dan dentro de la institución. Estas últimas estarían relacionadas a su estructura de personalidad, el tipo de vínculo que establece, la modalidad vincular, la incorporación de modismos carcelarios (sobre adaptación) que hacen dentro del transitar de su condena la posibilidad o no de acceder a determinados espacios que quienes no se “adaptan” al sistema no tienen acceso. Esto no quiere decir que dichas características sean causales de exclusión del tratamiento. Quizás haya que determinar estrategias de tipo directiva como para ver de qué forma este sujeto puede incluirse en un dispositivo grupal. En ocasiones, llevan un tiempo de trabajo individual, en el cual se trata de disminuir resistencias, que por lo general son de índole paranoide, para poder establecer algún tipo de vínculo “uno a uno” y luego poder acceder a un espacio grupal, en el cual poder compartir con pares un “espacio”, y digo un espacio porque en oportunidad es solo “eso” a lo que se puede acceder. No obstante dicho acceso tiene un estatuto, para el equipo, de algún tipo de movilización subjetiva, en función de  la complejidad de barreras internas y ambientales que se deben haber superado para dicho logro.
¿Actualmente, cómo se compone el equipo de trabajo?
El equipo de trabajo está compuesto por la Coordinación, una psicóloga y una operadora socio terapéutica. Asimismo en el área Sanidad, se cuenta con un médico y psiquiatra que conforman, de manera explícita, el equipo propiamente dicho, con quienes se trabaja en continua interacción. Todos los integrantes del equipo llevamos entre 12 y 15 años de experiencia trabajando en patologías graves con un plus (de gravedad) que da el encierro de los pacientes,  e implican una clínica diferencial, en cuanto al diagnóstico y al tratamiento de los mismos. La llegada a un tratamiento no implica la llegada de un paciente; implica la llegada de un sujeto sufriente en donde el consumo de tóxicos es un síntoma más dentro del florido abanico que trae; sin demanda y tampoco sabiendo por qué está allí. A nuestro entender el “espacio” que se brinda es “un espacio de escucha” que en ocasiones, es lo que mueve al acercamiento.
¿A partir de qué dispositivos, abordajes se trabaja en la dirección?
Los dispositivos que se trabajan son básicamente grupales y, en casos específicos individuales, el trabajo con la familia se da de forma esporádica debido a que hay cuestiones de orden institucional lógicas (horarios, accesibilidad) que hacen dificultoso un fluido intercambio con ellos.
¿A qué te referís con grupales? ¿Considerás que el trabajo con la familia y/o red social del interno debería ser repensado, intensificado? ¿Los límites son sólo de accesibilidad o considerás que se encubren otras cuestiones entre el grupo familiar y quien se encuentra interno?
Las actividades tienen que ver con grupos terapéuticos, grupos de reflexión y entrevistas de tipo individual. El trabajo con el grupo primario (cuando lo hay) debería ser repensado a partir de poder ver cuales son los resortes familiares y los mecanismos que se ponen en juego cuando un interno comienza un proceso de tratamiento. No dista de lo que pasa en el consultorio.
Reflexiones finales. Donde el encierro arquitectónico, presume un límite absoluto (tiempo y espacio controlado) se habilitan interrogantes sobre la posibilidad de construir otras espacialidades (un entre) que permita conexiones y afectaciones con otros, en el proceso de tratamiento, en el cumplimiento de una “sanción” jurídica. Entender la sanción como Acontecimiento, en la historia de un sujeto, que puede propiciar otras alternativas éticas de vivir la vida. En el marco de los diálogos, incurre, casi inexorablemente, el cuestionamiento a la “reclusión”, como concepto diferencial al abandono, a la privación de los vínculos con los otros. Construir un sostén que garantice un posicionamiento diferencial, político, social, familiar, en aquellas subjetividades en las que la ley, los ordenamientos, las relaciones con los otros se hayan conmovidas.
Psumá tu reflexión sobre esta conversación. Pluralicemos las miradas·
Frente de artistas del borda (FAB):
“no sólo escuchamos, nos hacemos cargo”


Lo manicomial excede al manicomio, es una defensa frente a lo diferente. Un colectivo con potencia creadora y transformadora del “ser-persona”. Por la Lic. Patricia Bruno Franquera, en conversación con Mirtha Otazua.

Pasaron veintisiete años de una militancia activa, con el arte como herramienta de denuncia y transformación social. Psum conversó con Mirtha Otazua (abogada y psicóloga social), coordinadora del Taller de desmanicomialización. Del encuentro surgieron reflexiones y afectaciones de la labor del FAB en todo el colectivo.

Una historia de lucha
Recordar: del latín re-cordis, Volver a pasar por el corazón. 
(Galeano Eduardo, Libro de los abrazos)
El movimiento  desmanicomializador venía creciendo en dispersos territorios: en Argentina, la influencia de la experiencia de Trieste, Italia, conducida por Basaglia en los 70’, fue repensada a la luz de la vuelta de la democracia en el país. En el 84’,  el FAB irrumpió en el contexto del hospital J. T. Borda, desde una invitación de José Grandinetti hacia Alberto Sava, quien desde aquel momento coordinara El y Al Frente de múltiples voces, artes y luchas, en pos de quebrar el imaginario social de la locura. Actualmente, la coordinación incurre en una transformación deviniendo en una coordinación colegiada, guiada por aquel espíritu de resistencia. Han pasado veintisiete años de aquel momento fundacional, de organización y movilización para la transformación de la salud mental en nuestro país. No dejo de afectarme mientras escribo estas líneas: ¿Qué nos pasó, que los dejamos solos en esta lucha? ¿Qué afectos silenciamos en la omisión de acciones en pos de una sana-cordura dominante? ¿Qué pasa con el pensamiento-cuerpo de los trabajadores de la salud mental,  capturado en la lógica manicomial? ¿Hay alguna señal de vida ahí?
El sufrimiento psíquico es un tema político. El Frente, no le tiene miedo a la calle, a la lucha dentro y fuera de los muros. ¿Qué es hacerse un lugar de resistencia “en” y “al”  Manicomio?  Distinción que irrumpe como Acontecimiento; es dentro del Manicomio, que se trabaja en el proceso de transformación, en la puesta en cuestión de binomios dicotómicos: Dentro - Fuera, Locura - Normalidad, instaurados  desde los saberes que han dominado el campo de la salud mental. Las producciones artísticas se realizan, para salir a la calle, y transformarse. No es sólo una ideología, es una permanente fuerza de acción, frente a la alineación, frente al olvido, en pos de la inclusión, de nuevos devenires. Los límites están, pero el FAB, no le tiene miedo a transformarlos. Irreverentes, se niegan a convertir la miseria de la exclusión como materia de contemplación. Para lo cual, Mirtha nos dice: “No solo escuchamos, nos hacemos cargo”. En el FAB, las decisiones se toman en la Asamblea, órgano deliberativo supremo “ahí estamos todos en igualdad en la toma de decisiones (...) constituimos el militante desmanicomializador.” Es relevante destacar que la toma de decisiones, en el proceso de desmanicomialización es desde la horizontalidad  y apunta a lograr un cambio a nivel de políticas, cultura y sociedad.
No es el cierre del manicomio; NO es el cierre del Hospital Público; NO es dejar a los internos en la calle; NO es dejar a los trabajadores de la salud sin sus puestos de trabajo; NO es sobremedicación; NO es encierro; NO es violencia física, psíquica y química.
- Es la atención digna de la salud mental; ES transformar el vínculo entre profesional y paciente; ES internación corta en Hospitales Generales o Centros de Salud Mental; ES atención ambulatoria, domiciliaria: el profesional va hacia el paciente y/o el paciente va hacia el profesional; ES recuperar los lazos familiares y sociales de los pacientes; ES garantizar la vivienda (propia y/o familiar; o a través de hogares sustitutos, casas de medio camino, etc.); ES garantizar el trabajo de los pacientes; ES convertir al “manicomio” en un Hospital General con un área de Salud Mental; ES la búsqueda de nuevas alternativas de tratamiento.

Devenir persona - artista - ciudadano militante. Militar por una obra de arte llamada “vida”.
El FAB no se propone como objetivo lograr efectos terapéuticos a través del arte, Mirtha lo expresa de este modo: “No desconocemos los efectos terapéuticos que a través del arte se conquistan, pero el desafío es la transformación del ser-persona, ciudadano, artista”. La producción artística sale a la calle, y es ahí, con el otro, que permite transformarse. “Es solo en la relación con el otro que esto se produce (...) por eso salimos, hacemos, nos movemos.”
Franquear los muros del manicomio, no parece simplemente una mera actividad fuera, sino que toma la impronta de un acto político, que moviliza e inquieta a todo el colectivo. La obra artística produciría efectos singularizantes, al propiciar nuevas maneras estéticas y éticas de vivir la vida. En definitiva, invita a un reposicionamiento frente a lo distinto a mi, frente a la alteridad. Invita a transformarse con el otro.

Un poco de la Organización
Pasos silenciosos de un vacío que hace ruido; mezcla de soledad, olvido, cosificación, exclusión componen un olor nauseabundo para quienes devienen víctima del estigma social de la locura. Mirtha nos cuenta que las actividades del frente funcionan por la tarde, momento en el cual la “vida ciudadana se acalla (...) no queda mucha gente en el hospital trabajando a la tarde”. Es en esa ausencia, que el FAB se compromete  en la producción y trabajo, poniendo en cuestión el sistema manicomial, sus horarios, ritmos, su estructura. Actualmente, funcionan once talleres, su mayoría artísticos: plástica, marionetas, música, periodismo, circo, mimo, teatro, entre otros. Éstos se encuentran orientados por un coordinador artístico y un coordinador psicológico. Los talleristas (pacientes internados y/o externados) llegan espontáneamente o derivados por referentes del servicio en el cual sostienen su tratamiento. Se realizan asambleas quincenales, donde el colectivo se reúne, sin distinción, deviniendo un espacio político, de pensamiento, debate y toma de decisiones. Asimismo, desde 1995, en el FAB se crea la Red Argentina de Arte y Salud mental, compuesta por delegados de talleres artísticos de hospitales psiquiátricos del país, que trabajan en el proceso de desmanicomialización.
(http://www.espiraldialectica.com.ar)
¿Cómo trabajan en el taller de desmanicomialización?
La guía del taller es “el ir corazonando”, dejando de lado la razón.
Ha fracasado el paradigma de la modernidad legitimando la “razón” humana, razón normalizadora que vuelve dóciles a las personas, y con este  fracaso,  se derrumba el proyecto de la cordura.

Mirtha nos cuenta: “El taller tiene una coordinación  que trabaja en equipo,  nos reunimos una vez por semana para intentar planificar o seguir una guía, que casi nunca es posible porque le damos permiso a la vida misma y necesidades que circulan en el taller y vamos armando y delineando nuestros objetivos de acuerdo a lo que se presenta. Hay mucha escucha y la necesidad de ser escuchado, hay libertad y creación permanente. En el taller tenemos dos momentos; las presentaciones y lectura de dos artículos de la nueva Ley Nacional de Salud Mental 26.657, internalizamos y cuando lo hacemos, sucede que la realidad se impone y aparecen las situaciones conflictivas que muestran el incumplimiento de la ley. Entonces generamos un nuevo ámbito de desarrollo teatral, en donde se dramatizan estas situaciones y se internaliza el artículo”.

Para Recordar
(volver a pasar por el corazón)

La reclusión indeterminada es secuestro, garantía del silenciamiento y del olvido social. Es importante tener Memoria, y “no solo escuchar,  hacerse cargo”. Si querés saber sobre la acciones del FAB, te invitamos a que nos dejes tus preguntas, pensamientos, afectaciones para compartir con el colectivo. A continuación, una producción del FAB:

Producción del FAB:
www.frentedeartistas.com.ar
www.frentedeartistasblogspot.com



· junio 2011 ·
Puente a Buenos Aires... Vita Escardó

Conversación con Vita Escardó, actriz y psicodramatista sobre “Las Víctimas Contra las Violencias” y “Cuidado de los Cuidadores” por la Lic. Sabrina Zanetti

S: Quería que me contaras un poco sobre “Cuidado de los Cuidadores”, ¿de qué se trata? Sé que está dentro del programa Contra la Violencia, ¿cómo se inserta este dispositivo en el programa?
VS: El programa se llama las Víctimas Contra las Violencias, es un programa Nacional, pero por ahora solo funciona en la ciudad de Bs. As., está coordinado por Eva Giberti, a pedido de Aníbal Fernández en el 2006. Está basado sobre dos ideologías fuertes, Derechos Humanos y Género. Lo novedoso es que un/a psicóloga/o, trabajador/a social, va con la policía al lugar que ocurre el hecho de violencia, en el caso de violencia familiar. Cuando el programa empezó, una de las tareas que yo tenía era de capacitación profesional centrada en la creatividad, técnicas corporales, dramáticas, plásticas y narrativas. Lo que usé fuertemente para capacitar fue role playing; la capacitación fue centrada en lo experiencial, no verbal, dado que  el perfil en general de las/os psicólogas/os es, aún dentro de lo institucional, de consultorio. No hay tantos profesionales que estén en el campo de acción, donde la acción esté ocurriendo. Por eso a los profesionales les digo: el encuadre llega cuando ustedes llegan. Además, las intervenciones son diferentes a las que se hacen en consultorio, son más directivas. Luego, trabajé en Cuidado de los Cuidadores, en el que parte de la tarea fue ayudar a poder drenar la carga emocional pesada que tiene atender víctimas, de ser testigo de alguien que sufre mucho sumado al de no tener un listado de tareas asignadas como profesional. Este espacio para cuidar a quienes cuidan tiene distintas áreas y objetivos: por un lado capacitar, por otro lado elaborar, por otro lado fortalecer la creatividad. Por muchas razones: primero porque es el antídoto para la alienación, porque las trabas institucionales son muchas, entonces si los profesionales no tienen mucha imaginación y una mentalidad abierta y no piensan cada caso velozmente y en distintas posibilidades de acción, se hace muy difícil trabajar. El trabajo no llega a ser rutinario porque cada caso es distinto pero no deja de ser agobiante, porque la violencia repetitiva es devastadora.  Trabajo bastante con el cuerpo, porque el peso de toda esta fatiga y cansancio va al cuerpo, no solo como fatiga sino como tensión. Trato de que tengan ejercicios muy básicos para poder usar cotidianamente, para evitar tensiones, para aprehender a reconocer cuando está por llegar algún tipo de síntoma, para que puedan prevenirlo y también puedan reconocer en el cuerpo del otro, cuando es posible tocarlo, cuando no, qué tipo de víctima es, la que necesita una mano en el hombro o no. Y básicamente trabajo para también prevenir el Burn-out, que lo estudiaron los alemanes y los norteamericanos, como fenómeno de desgaste psíquico. Acá lo trabajó Malfé como erosión psíquica, desgaste psíquico ante las frustraciones que implican trabajar con personas en permanente situación de sufrimiento. No es stress laboral, es otra cosa. El burn-out tiene que ver con el ideal del profesional, cuando ese ideal implica evitar o aliviarle el sufrimiento a otro. Se estudió primero en enfermeros, médicos, gente que está en cuidados con pacientes oncológicos, después con psicólogos, trabajadores sociales. Tiene tres factores. 1- Agotamiento emocional: el profesional queda entrampado en la misma emocionalidad de su tarea, no logra tener ese distanciamiento operativo del que hablaba Bleger. 2- La despersonalización, como ya no tolera más esto en su propia emocionalidad, tiende a despersonalizar al otro, a la víctima, al paciente, al cliente, como se lo llame, porque no tolera más la excesiva empatía. Entonces lo trata como objeto, por ej.: yo siempre digo que los médicos se llaman y dicen, “te mandé un hígado y viste el pulmón que me mandaste la semana pasada” y alrededor de ese pulmón hay una persona pero ya no lo logran ver. 3- Por otro lado la falta de realización profesional, es menos sostenible un trabajo que implique algún sufrimiento psíquico para el trabajador, si bien todos los trabajos generan sufrimiento psíquico. Cuando hay una realización profesional importante, cuando es un trabajo que se reconoce, cuando entre los pares hay una mirada de apoyo, cuando los superiores reconocen, cuando se pueden presentar trabajos en congresos, cuando se puede ir a dar clases a la policía. Cuando hay demasiado agotamiento emocional, demasiada despersonalización y poca realización personal, el profesional se quema. En general tienen distintos ciclos, al principio empieza con la ilusión, se llama el síndrome de súper niña o superman, se cree que va a dejar de haber víctimas porque las van a salir a salvar, es un rasgo omnipotente que está entre la idealización y la omnipotencia. En un punto hay que poder desarticularlo y manejarlo sino después la frustración, cuando finalmente en el diario aparece que el violento mató a la mujer, aunque todas las intervenciones fueron las adecuadas, es difícil de trabajar. El profesional está muy frustrado ¨pero hicimos todo bien, fuimos le dimos la exclusión, pero ella lo dejó volver¨. Entonces también hay que poder tener la humildad de saber que aunque se haga todo bien, hay algo de la psiquis del otro, aceptar la frustración de este fracaso.
S: ¿Cómo es la predisposición de los profesionales a trabajar con técnicas psicodramáticas?
VS: Es muy variado, hace poquito escribí algo sobre esto, se llama Resistiré, porque tiene como varias vertientes: primero, desde lo universitario, se habla mucho de la supervisión, se supervisa el caso, pero no se hace tanto énfasis en lo que se llama dispositivos colectivos de trabajo y en cómo tener una dinámica con el equipo de trabajo; mejorar las condiciones de trabajo, y generar posibilidades de cambio. Muchos de los cambios que hubo en el programa, tuvieron que ver con que los profesionales se reunían en un espacio con otros a poder pensarse. Es muy difícil que el profesional psicólogo particularmente acepte que puede hablar de lo que siente en su ámbito de trabajo, teme que se generen represalias, que eso lo haga quedar en un lugar de debilidad o lo depositan más en lo que yo hago. Yo básicamente soy actriz, la mayor cantidad de tiempo me dediqué al arte escénico, creen que van a tener que actuar, entonces ¨actuar no es para mí¨. Cuando en realidad la técnica depende del grupo, hay grupos que se sienten más cómodos en las técnicas plásticas, o técnicas narrativas o grupo de reflexión o en hacer relajación o visualizar o imaginar y otros que naturalmente tienden más a escenificar. En las capacitaciones, yo  uso el role playing, porque no encontré ningún método más directo, más veloz y más claro para trasmitir, pero no necesariamente  en el espacio de cuidar a los que cuidan, porque cuidar no es para sufrir es para estar cómodo, donde pueda drenar una sobrecarga emocional y psíquica. Otro de los grupos que es el cuerpo interdisciplinario, que tiene otro tipo de trabajo porque no va a la emergencia, sino que trabaja sobre expediente. Empecé a trabajar no solo sobre el cuidado de ellos sino sobre lo que es la dinámica laboral, qué pasa en el día a día del trabajo. Cómo es ese clima, cómo poder mejorar el clima, la relación entre las coordinadoras, cómo es el trabajo entre ellos. Son intervenciones muy variadas, la sensación es que yo estoy ahí disponible con las herramientas que  tengo que fui recolectando durante muchos años, de distintas disciplinas, jamás con el inconsciente personal ni con contenidos emocionales, está meramente orientado hacia el trabajo. Lo que pasa es que, la identidad del que trabaja, es muy difícil separarla de la identidad del quien soy. La identidad es una cosa compleja y en permanente movimiento.
S: La experiencia de actriz ¿en qué influye en el momento de tu intervención?
VS: Es una experiencia absolutamente útil pero hay que saber medirla, es una herramienta que en exceso no sirve porque yo no puedo ser el foco de atención. Tengo que estar “entre”, una entrada y una salida, “entre” un estar y no estar a la vez, en muchos momentos y en otros no.

S: ¿Cómo es el encuadre del dispositivo, qué frecuencia tiene?
VS: Depende de cada grupo, hay grupos que trabajan una vez por mes dos horas, todos los grupos tienen la posibilidad de llamarme en cualquier momento. Nunca es más largo el lapso de una vez por mes.

S: ¿Recordás alguna anécdota que se pueda contar, que muestre un poco cómo es tu trabajo?
VS: Una profesional vino muy preocupada porque tenía una contractura muy importante en toda la zona del cuello y los hombros y se sentía mal con eso. Entonces le dije querés que hagamos una amplificación dramática. Entonces otra compañera hizo en su cuerpo, colgándose de los hombros de esa contractura. Entonces iban cambiando de roles hasta que ella identificó a esa mochila, a ese peso como un mono que tenía agarrado, entonces después separamos a ese ¨mono¨ y ella pudo hablarle y el mono contestarle y finalmente soltarlo a la selva. Es una especie de juego donde algo que está molestando, haciendo obstáculo puede ser interrogado desde algún tipo de simbolización que en ese momento es útil para funcionar como interlocutor. Esto no quiere decir que ella nunca más va a tener una contractura ni que eso le resolvió un trauma infantil es simplemente poder abordar lúdicamente un obstáculo que termina siendo un dolor de cabeza, un ceño fruncido, pastillas, visitas al médico, sin ninguna interrogación de otro tipo.

S: ¿Estás interesada que este dispositivo trascienda a otras instituciones?
VS: Obviamente, no en vano el gran terror de los militares era que la gente se reuniera. Las personas juntas pensando y co-construyendo el pensamiento son peligrosas porque son transformadoras y así como las comunidades se dan una voz a sí mismas. Desde el círculo primordial donde se contaban los sueños, las comunidades originarias, hasta las asambleas en la ciudad que dieron vuelta la crisis del 2001. Los dispositivos donde la gente puede juntarse y pensarse también dan identidad no grupal sino singularidad. Después del primer terror del grupo a no tener asignación, no tener nombre, ser despedazado, después de ese primer paso, donde se comprende que uno puede estar con otros sin ser devorado, uno empieza a tener un propio nombre, un propio lugar en la comunidad y ser querido por sus diferencias. Es un gran miedo que tenemos no ser queridos en nuestras diferencias, en nuestra singularidad·


3 comentarios:

  1. chicos, entrar por el google es esquizofrente...no se puede de otra manera?

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  2. ¡Hola! Lo configuramos para que todos los usuarios puedan dejar comentarios, inclusive aquellos que no tienen cuenta de gmail. Eso lo pueden hacer como "anónimos" pero recordando que nos dejen sus datos para publicar los comentarios del ateneo en la próxima edición impresa. Lamentablemente es una de las limitaciones que tiene blogger. Por eso pusimos las cuentas anónimas.
    Si querés contame cuál fue tu dificultad y veo si la podemos solucionar de alguna manera, dentro de las posibilidades que ofrece el blog.
    ¡Gracias por contactarnos!
    Saludos, Bárbara

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  3. Tengo una idea: si te resulta más fácil, nos podés encontrar en facebook como Grupo pSUM. Ahí estamos publicando el mismo contenido del blog y la revista impresa.

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