martes, 13 de septiembre de 2016

Confesión de un psicólogo pesado

Sí, lo acepto, soy pesado. No por un tema de masa estructural o grasa acumulada. Sino más bien por lo reiterativo en ciertas ocasiones. Como el ajo.
Trabajo en una institución de salud mental, donde muchos pacientes precisan del dispositivo de acompañamiento terapéutico. Y yo suelo hacer una especie de supervisión.
¿Qué es un acompañamiento terapéutico para un psicólogo en una institución? Pues alguien que cubre las grietas que la institución deja abiertas. Nadie lo puede todo, ni siquiera una institución. Hay veces que el paciente necesita de determinadas actividades para las cuales requiere algún tipo de ayuda que desde el centro de día no podemos brindar: un trámite, un turno, despejar la cabeza, ir al supermercado, salir de la casa, dar una vuelta y tantos etcéteras más. Entonces aparecen los ya nombrados acompañantes.
¿Pero por qué soy pesado? Pues me di cuenta que cada vez que recibo un acompañante nuevo en la institución suelo decir más o menos lo mismo:
“No estimules nada; no intentes que el paciente haga nada que a vos se te ocurra; no le propongas cosas; no busques logros inmediatos; no luches por sus derechos; no apliques ninguna técnica que estudiaste quién sabe dónde,;no pretendas que te cuente sus problemas profundos (para el paciente el acompañamiento no es una terapia). Solo acompañalo; esperalo; bancate tu aburrimiento; bancate largos silencios; bancate dilatados tiempos sin cambios de ningún tipo. Hacé cualquier cosa, pero nunca seas un amo de su vida”.
Palabras más palabras menos, ese es el speech. Sí, ya se dieron cuenta, soy pesado.
Pasa que con psicóticos (diagnóstico que suelen mayoritariamente padecer nuestros pacientes) nada más fácil que ocupar el lugar de un amo. Ya sea mediante pautas de salud mental, consejos moralistas o estimulación de algún área de no se qué cosa de la vida, podemos convertirnos en la guía absoluta de una persona. Sí, dije bien, absoluta, pues en las psicosis no hay punto medio. Es todo o nada. Y créanme que cuando uno escucha la historia de quien carga con la mochila de la locura, se oye una y otra vez que siempre estuvieron en dependencia de un amo del cual no pudieron escapar. De una u otra forma, el sujeto psicótico fue preso de los mandatos de un otro absoluto que lo sabía todo, que lo podía todo. Y si queremos ser terapéuticos (como pretende un acompañante), debemos evitar esa posición a la cual el mismo sujeto psicótico nos tentará ocupar. De ahí, mi mentado speech.

Sí, lo acepto, soy pesado. Quizás me convierto en un amo para el acompañante en cuestión. Pero como vieron, tengo mi pesadez tiene sus argumentos.