miércoles, 20 de julio de 2016

ORTODOXOS Y NOMADES



“Tenemos que obligar a la realidad a que responda a nuestros sueños. Hay que seguir soñando hasta abolir la falsa frontera entre lo ilusorio y lo tangible. Hasta realizarnos y descubrirnos que el paraíso estaba ahí, a la vuelta de todas las esquinas”
-Julio Cortazar-


En las caminatas hacia el Borda, se producía un instante donde mi conciencia se despertaba en medio de esa realidad de grises y restos de orín humano.  En algunas oportunidades pacientes defecaban en el borde del patio interno y otros se paseaban en bolas. Por suerte, se revelaban a la soledad del encierro, y a esa mirada de los especialistas, que seguían trabajando para que nada cambie. Entretengamos al paciente, o simplemente hagamos que haga, cuando ni se los consideraba humanos. Sé que hay muchos,  que están en la defensa del hospital, como lugar de asilo para los pacientes.  A ellos también les hablo.
Me inquieta la rigidez. Tantas horas pensando sobre cómo especificar la estructura del paciente, si el delirio es o no coherente. Sin embargo, Es el delirio de los especialistas el que me pareció legitimo pensar como el sufrimiento por ortodoxismos. Los dogmas y los procedimientos “terapéuticos” los han captado; en muchos casos se cuela  la compulsión a la repetición de esas estructuras presuntamente instrumentadas, para aliviar el padecimiento de los sujetos. Sin embargo, esta caja de herramientas teóricas sigue alienada en la concepción del aislamiento y la alienación.  Me dirán, que el alivio del alma trasciende los muros, siendo una experiencia que puede propiciarse en cualquier espacio. Sin embargo, si es indiferente este espacio, porque no usar la sociedad de fomento, el club, el centro cultural, la plaza, la casa del vecino.
 El confinamiento es una tortura. No importa si las puertas están abiertas. Hay una prisión con profesionales ejerciendo prácticas pseudoliberadoras. Confiscar el cuerpo desde espacio y en las practicas medicamentosas y por la palabra clasificadora, está muy lejos de  conllevar a procesos de subjetivación. Más bien, es un claro eufemismo del latigazo en la vía pública que ya describía Erasmo, en su elogio a la locura.
Con esto dejo claro, que las Resistencias son de los profesionales de la salud mental.
Cambiar, reposicionarse, crear, abrir nuevas perspectivas de trabajo, darse el tiempo y permiso para Irrumpir, poner en Cuestión, Desnaturalizar, Implicarse,  para no escribir la misma historia clínica con clichés, ni hacer la misma tarea porque sí. No solo es una cuestión presupuestaria, es una cuestión humana.
¿Cuántas personas viven solas en nuestro territorio? ¿Cuántas personas estarían dispuestas a alojar a alguien que está atravesando una crisis emocional?  Aun si solo fuera con el mismo presupuesto que se le destina a un lugar en el hospital ¿Cuántos familiares con buenas intervenciones podrían cuidar a sus enfermos? ¿Cuántos podríamos intervenir?
 ¿De qué sirve si hacen talleres ocupacionales si nadie me va a dar trabajo ni presupuesto para armar algo propio luego de una situación de aislamiento? ¿De qué sirve trabajar en presunta tarea de externación si afuera no hay nada ni nadie?
Es grave la situación que Bs As atraviesa en políticas de salud mental, pero no es solo por la dirigencia a la que no le importamos ninguno. Sino porque nosotros estamos Ortodoxos. Cumplimos con la institución tal cual funciona. Cumplimos con la Ciencia y con los protocolos. Cumplimos pero no creamos nada nuevo.  Resignados, solo hay desidia y malos tratos, que no quedan reducidos al ámbito hospitalario pero es la cuestión que me atañe.
Estamos siempre en el mismo lugar,  desde la construcción moderna del Asilo psiquiátrico.  En su lugar o como suplemento se usa el chaleco químico. No digo que sea una tarea fácil. Justamente porque no es sencilla y requiere ser  a medida,  debemos trabajar  más en especializarnos  humanos Nómades.
Hemos armado un montón de herramientas de  descripción sobre la psicopatología, sin embargo no sabemos qué hacer con ella. Solo la atacamos, defendemos y/o confiscamos.
La pregunta es más profunda.
Nos habita el temor a lo desconocido, aunque naturalizando lo controlamos con Ortodoxismos; estereotipamos prácticas para seguir alimentando la alienación. La alienación de la reincidencia, la alienación del ortodoxo.
Quizás solo deberíamos comenzar a contactarnos con el otro. Desde un registro de paridad y hacernos pregunta simples.
¿Y si yo estuviese aquí en este hospicio? ¿O así  medicado?  ¿Cómo me ayudaría que  otros intervengan?
No hablo de la Caridad religiosa, eso sería entorpecer el asunto y seguir Cumpliendo, en este caso con Dios. Hablo de la Empatía con el otro.
No es complejo, solo requiere abandonar el lugar de mismidad que nos apodera. El Acto es con el otro. Es en la presentación que sea, pero hay otro que requiere una atención distinta y escuchar que otra cosa ahí nos pone en cuestión, nos habla, nos quiere dar a entender. Y esa lengua es la que no debemos anular, la que no  debemos confiscar. Esa lengua se deja oír,  solo si me permito salirme del chaleco del  Especialista y de los procedimientos y entrar para crear desde ahí.  Tengo que habitar ese “idioma”. No puedo correrme y creer que soy un tipo de Santuario en el cual el paciente deja su confesión y le digo “ve y has esto o aquello” o si no me abstengo. Sí, uno debiera abstenerse de decir cualquier cosa en mi “lengua”. Pero uno no debe abstenerse de trabajar creativamente para poder entender eso que me quiere decir el sujeto; en un segundo momento intervenir desde ahí.
Sin embargo la  Alienación se ha vuelto una moda  en todos lados: consultorios médicos, psicológicos, psiquiatras ejerciendo algún tipo de violencia sobre sus pacientes. Agotados. Disociados y frustrados por su labor.
La creación, la posibilidad del Acto creativo, excede al pincel y el lienzo.

Ojalá podamos dar el salto.


Patricia Bruno

3 comentarios:

  1. Conmovedor, Pablo. Cuánto amor es necesario para acompañar a ser.

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  2. Conmovedor, Pablo. Cuánto amor es necesario para acompañar a ser.

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  3. La autora es Patricia Bruno. Gracias por la lectura

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