martes, 9 de octubre de 2012

Editorial · Septiembre 2012


Resustituir discursos, subjetividades dispersas, nos permite habilitar la posibilidad de construir una categoría: Diversidad. Quizás desde ella, podamos repensar las categorías de inclusión-exclusión, sin la interferencia moralizante, valuada en bueno-malo, positivo-negativo, adentro-afuera y repensar “inclusiones singularizantes” desde entender la diversidad y la complejidad, habilitando así, la apertura de algún que otro interrogante. ¿Hay que incluir a todos a cualquier precio? ¿Incluirlos dónde? ¿En qué tipo de sistemas sociales? ¿Y si alguien quiere ser un excluido? ¿Cómo escapar a la masificación? ¿En qué lugar queda la subjetividad cuando se busca incluir a un ser único desde una lógica de “para todos”?
Preguntas que los dispositivos con las que encontramos en las diferentes notas del presente número de pSUM intentarán dar respuestas con su praxis. En la nota del puente hallamos el resumen de un trabajo surgido en una institución galardonada con el premio Reina Sofía en España, un premio que busca incluir a Latinoamérica en la atención, prevención y promoción de la salud en discapacidad. Y al mismo tiempo, encontramos en dicho artículo que su autora, la Lic. Inda, nos adentra en un dispositivo destinado a incluir a personas con padecimiento psíquico, personas quienes históricamente han sido excluidas de sus discursos, silenciados sus ruidos, prohibidos sus sentidos. La nota pSUM nos hace ingresar en el ámbito de una comunidad a la cual se considera excluida de determinados bienes y símbolos propios de la coyuntura social: jóvenes de un barrio marginado. Población sobre la cual recae una serie de estigmas y prejuicios que en el presente número de la revista veremos derribarse para dar lugar a trabajos que se incluyen en ámbitos diversos como lo puede ser el de una videoproducción comunitaria con jóvenes, que es galardonada con un premio municipal.
Asimismo, el ateneo, libera la palabra académica-profesional, para restituir la vivencia subjetiva de dos hermanos residentes de un hogar municipal para personas en situación de calle. Ellos escriben su historia, asumen ese compromiso, de darse un lugar para ser escuchados, para legitimar una historia subjetiva. Y eso ¿no es incluir desde lo singular?
Es así, de premio en premio, en que pSUM se va delineando como un instrumento para estar dentro y fuera de ámbitos académicos, cerca y lejos de la praxis en salud mental, rígidos y flexibles ente las palabras de quienes dejan de ser lectores para convertirse en constructores de este problematizador medio gráfico llamado pSUM. Muchas gracias

jueves, 26 de abril de 2012

Editorial . marzo 2012

¿Por qué una cosa única e irrepetible tiene que ser abordada desde perspectivas distintas y disímiles?
Evidentemente debe haber algo en la subjetividad que empuja hacia la comunión con otros, una comunión imposible y nunca finalizada. Es que aquellos que exploran la subjetividad, más tarde o más temprano, se encuentran con la inter y/o transdisciplina, evidenciando los escollos de intervenir con un sujeto desde un solo ángulo.
Y en esta intersección con otros y otras disciplinas, los acuerdos y la armonía no siempre son lo preponderante. Los desacuerdos en una intervención, las paradojas de diferentes impresiones diagnósticas, los borramientos de límites disciplinarios, los caminos bifurcados ante direcciones propuestas, la intromisión en ámbitos profesionales, subordinaciones a un saber amo, mismas palabras con distintos sentidos, son solo algunos de la multiplicidad posible de desventuras en el encuentro con otros profesionales trabajando en pos de una subjetividad.
PSUM intentará en estas páginas que algo de esto se vea reflejado en la nota PSUM y el puente al norte. En el primer caso, un grupo de profesionales provenientes de distintas áreas nos relatan una intervención grupal posible dentro de un centro de día. En la nota del puente, una licenciada en trabajo social enmarca su praxis en interior de un contexto médico, y para complicar aún más la situación, en un ámbito de convivencia como es el Tren de la Fundación Alma. De una u otra manera, ambas notas nos congregan tras la idea de que más allá de las dificultades inherentes al encuentro con otros, algo es posible. Y a lo mejor el cuarto número de PSUM sea eso, la apuesta de que algo, no sabemos bien qué, es posible.
Muchas gracias, Grupo pSUM

sábado, 7 de enero de 2012

Editorial · diciembre 2011

“Pero el cuerpo está también directamente inmerso en un campo político; las relaciones de poder operan sobre él, una presa inmediata; lo cercan, lo marcan, lo doman, lo someten a suplicio, lo fuerzan a unos trabajos, lo obligan a unas ceremonias, exigen de él unos signos”.(Foucault, M.)

En esta presentación, pSUM devino un medio para escuchar a quienes realizan sus prácticas en instituciones “disciplinarias”, diseñadas en la Modernidad: la familia, la institución penal y el hospital. Ya Foucault M., analizaba una modalidad de poder-tecnología, basada en vigilancia y observación, que pretendía moldear y producir cuerpos dóciles y productivos; delimitar parámentos de normalidad y anormalidad e instaurar sanciones a quienes no se ajusten a ellos, fijando prácticas, dispositivos y tecnologías, que clasifican y delimitan Cuerpos-espacios para los “desviados”.
En este número nos proponemos desviar las normas, cuestionarlas, criticarlas, abrir interrogantes sobre la vigencia de algunas lógicas Modernas que están siendo fuertemente cuestionadas por el corpus social.
Un impulso para reflexionar sobre nuevos devenires en las prácticas de los equipos de salud mental. Afianzar la preocupación ética, por las subjetividades y la producción deseante.
Muchas gracias,
Grupo pSUM